"El Ejército hace lo que quiere y el gobierno lo que puede"
Leal es un personaje muy conocido en Europa, especialmente en Italia donde residió como exiliado político a partir del 11 de setiembre de 1973, cuando el ex dictador Augusto Pinochet encabezó un cruento golpe de Estado contra el presidente socialista Salvador Allende.
Ex comunista, Leal es ahora parlamentario del socialista Partido por la Democracia y expresó su temor en vista de lo sucedido el viernes tras el retorno de Pinochet.
El senador vitalicio, que estuvo detenido en Londres desde octubre de 1998, fue liberado por Gran Bretaña en vista de su «precario estado de salud física y mental», pero a su regreso a Chile evidenció no ser tan delicado.
Aunque no lo dijo expresamente, Leal dejó entrever una anticipada preocupación por una actitud de «subordinado a superior», como sostuvo a la prensa Augusto Pinochet hijo, en la alegre recepción brindada por el Ejército al ex general.
En Chile se recuerda la coincidencia que se registrará el próximo sábado, día de la trasmisión del mando presidencial.
En 1970 asumió Allende, quien recibió la banda del democristiano Eduardo Frei, y ahora Ricardo Lagos la recibirá de Eduardo Frei, hijo.
Pero hay una gran diferencia: en estos años democristianos y socialistas pasaron de adversarios a socios políticos y estos últimos ya no son aliados de los comunistas.
El diario gubernamental La Nación editorializa que frente al retorno del ex dictador se pensó que «las Fuerzas Armadas iban a tener la claridad y el tino necesario», pero que «el Ejército, en particular, no estuvo a la altura de lo que se podía esperar».
Y ello porque el Ejército programó una recepción para Pinochet como la brindada a un jefe de Estado, con banda militar incluida, aunque su comandante en jefe, general Ricardo Izurieta, no leyó su discurso y la alfombra roja, ya dispuesta, quedó en un rincón del aeropuerto sin extenderse.
La Nación llama a «dejar atrás la mala sombra de la dictadura y afianzar el estado de derecho», y precisa que para ello «las instituciones castrenses deben mantenerse en el papel que les corresponde y no olvidar jamás cuáles son los verdaderos intereses del país».
Si bien los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas han dicho que saben cuál es su misión y que no son deliberantes, Ricardo Lagos exteriorizó: «Haré un tremendo esfuerzo por demostrar al mundo que aquí somos un país democrático».
Lagos añadió, en términos firmes: «Mostraremos además que aquí manda la autoridad elegida por el pueblo y donde las Fuerzas Armadas son disciplinadas, obedientes y no deliberantes».
Pero lo que quedó claro es que Chile aún muestra muchas de las divisiones que comenzaron en 1970 cuando Allende asumió la presidencia del país y cuando la derecha política impulsó a las Fuerzas Armadas a dar el golpe de Estado y que la transición iniciada en 1990 por los presidentes Patricio Aylwin y Eduardo Frei, aún no concluye.
Vergüenza
El canciller español, Abel Matutes, calificó de «auténtica vergüenza» el recibimiento dispensado el viernes al ex dictador chileno Augusto Pinochet y afirmó que el presidente electo de ese país, Ricardo Lagos, debe «demostrar que es capaz de hacer que se juzgue al general en Chile».
En declaraciones a los diarios madrileños ABC y El Mundo, Matutes habló del «espectáculo bochornoso» que altos mandos militares dieron en el aeropuerto de Santiago, al festejar a un hombre «que no merece ningún tipo de homenaje porque ha recibido la condena moral del mundo entero».
«Lo que procede es que el presidente chileno y su gobierno cumplan el compromiso asumido ante la comunidad internacional de dejar actuar hasta las últimas consecuencias a la justicia chilena y de respaldarla plenamente en sus decisiones», agregó.
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