China no acepta independencia de Taiwan
El primer ministro chino Zhu Rongji, al inaugurar ayer la sesión anual del Parlamento, reafirmó que China jamás aceptará la independencia de Taiwan y declaró guerra a la corrupción, a los derroches, a la burocracia y a la apatía para resolver los «muchos y difíciles problemas» del país.
El premier dijo que los objetivos económicos fijados para el año pasado fueron alcanzados.
En el 2000, sin embargo, «nos esperan tareas excepcionales para realizar las reformas, promover el desarrollo y mantener la estabilidad social», aclaró.
Zhu Rongji enumeró los problemas de China «muy lejos de ser resueltos»: anomalías del sistema económico, consumos estancados, escasos ingresos de los campesinos atorados de impuestos y millones de jubilados y despedidos.
Con igual dureza denunció la corrupción de los funcionarios, los derroches «espantosos», el comportamiento burocrático, el no respeto de las decisiones del gobierno, la ineficiencia, las estadísticas agrandadas y el aumento de la criminalidad.
Los 2.895 diputados, casi todos dirigentes nacionales o locales, escucharon durante una hora y media en silencio la crítica.
Un largo aplauso se elevó recién al final, cuando Zhu Rongji reafirmó que China «no se quedará mirando inactiva» una eventual independencia de la isla de Taiwan. Sobre la cuestión nacional el acuerdo no presenta dudas.
Con un ojo mirando a las inversiones taiwanesas en China, casi 14 mil millones de dólares entre 1991 y 1999, el premier apuntó sobre la reunificación pacífica con la isla considerada una región rebelde, y evitó las amenazas de guerra, reafirmadas también el sábado por el presidente y comandante supremo de las Fuerzas Aarmadas, Jiang Zemin.
Por otra parte, el efecto intimidatorio sobre los electores, que el 18 de marzo deberán elegir el nuevo presidente de los 22 millones de taiwaneses, ya se obtuvo con la publicación hace dos semanas del libro blanco que prevé la intervención si las autoridades de Taiwan no negocian la reunificación.
La guerra de palabras puede continuar en otras ocasiones, para Zhu Rongji es prioritario el aspecto económico.
Por primera vez en un informe del trabajo del gobierno no hubo indicaciones precisas sobre el crecimiento de la economía, que se espera «rápido y sólido», en línea con el 7,1 por ciento de 1999.
Zhu atenuó también el entusiasmo sobre el desarrollo de las regiones occidentales más atrasadas, el 56 por ciento del territorio con 300 millones de habitantes, un cuarto de la población.
El plan, sostenido pro Jiang Zemin, debe ser aplicado «paso por paso, sin correr», dijo ayer el premier, quien recordó el aumento del déficit, si bien lo definió necesario para realizar las reformas.
Reformas de finanzas, fisco, bancos y educación deben continuar en forma «ordenada», agregó el primer ministro, pidiendo una forma de descentralización, siempre que esté en línea con Pekín.
«Llegó el momento de tomar acciones decisivas contra una administración descuidada, contra la indisciplina y el desorden, que ya se difundieron», declaró Zhu.
El premier, uno de los poquísimos líderes de China sobre el cual no circulan rumores de corrupción, habló en varios puntos de la lucha contra este fenómeno, que crea mucho malestar. Como en el pasado, el discurso, de 35 páginas en chino, tiene poco o nada de ideológico, tan sólo un llamado para educar en el patriotismo y socialismo.
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