El mediador no detiene la violencia en Medio Oriente
Tel Aviv, ANSA
Uno de los factores que contribuyó a agudizar la tensión fue la confirmación israelí de la voluntad de extender los asentamientos, principal conflicto sin resolver con los palestinos.
Ayer, gracias a los esfuerzos de Burns, se encontrarán en Cisjordania representantes militares de los israelíes y de los palestinos, pero durante todo el día en los Territorios se sucedieron ataques e incidentes.
Por primera vez, además, dos ciudadanos occidentales fueron secuestrados durante cinco horas en Gaza por militantes de la Intifada, indignados por la política en Medio Oriente de Estados Unidos y Gran Bretaña.
Los colonos sufrieron hoy dos duros golpes: primero el asesinato, en una emboscada proyectada en todos sus detalles por un comando de al-Fatah, de Ghilad Zar, un coronel de la reserva responsable de la Seguridad y de unos 30 asentamientos en Samaria (Cisjordania septentrional).
Luego se produjo la muerte de una mujer de 50 años, víctima de una emboscada con su marido e hijos mientras, desde la periferia de Belén, viajaba a Jerusalén para asistir a los funerales de Zar.
En Jerusalén, el premier israelí Ariel Sharon fue rechazado a gritos por centenares de colonos exasperados: «Si no tiene fuerza para conducir al pueblo israelí, que se haga a un lado», exclamó aludiendo al septuagenario «halcón» del Likud, un dirigente del movimiento de los colonos.
En Hebrón, la ciudad símbolo de la división entre israelíes y palestinos, decenas de colonos, en gran parte mujeres y niños, atacaron a los habitantes árabes lanzándoles piedras y botellas a sus negocios y automóviles.
Por su parte, los palestinos lamentan ayer tres víctimas. Dos de ellas fueron las protagonistas de un audaz ataque-suicida a un puesto militar israelí ubicado en el sur de Gaza.
El tercero perdió la vida en un incidente ocurrido en la periferia de Jericó, en Cisjordania, cuando militares israelíes abrieron fuego contra un taxi en el que viajaban, según se dijo, militantes de la Intifada.
También hoy en Tulkarem, Cisjordania, un palestino sospechoso de colaborar con Israel fue eliminado en pleno día por un comando de al-Fatah.
La sangre y el odio no facilitan para nada la tarea del enviado norteamericano que, en el afán de concretar en el terreno medidas previstas por el Informe Mitchell para obtener el cese del fuego, en primer término el congelamiento de los asentamientos, organizó el encuentro entre los responsables militares de las dos partes.
Ayer el ministro de Obras Públicas israelí, Natan Sharansky, confirmó la intención de su gobierno de proseguir en la política de colonización, autorizando la extensión de dos asentamientos ya aprobados por el anterior gobierno laborista de Ehud Barak.
Desde Moscú, el presidente ruso Vladimir Putin, al recibir a su colega palestino Yasser Arafat, advirtió que la situación está por precipitarse y el ministro del Interior, Igor Ivanov, ratificó el llamado para el bloqueo de los asentamientos.
En este cuadro de extrema radicalización se inserta el secuestro en Gaza de dos periodistas del semanario norteamericano Newsweek.
Las vidas de los ciudadanos de Estados Unidos y Gran Bretaña corren peligro –advirtieron los secuestrados de los Halcones de al-Fatah–, si sus gobiernos no retiran el apoyo a Israel.
Luego al Fatah condenó el secuestro que fue el fruto, según las primeras investigaciones palestinas, de la iniciativa personal de un militante de base.
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