El gobierno chileno preocupado tras su llegada a Santiago

Pinochet tiene buena salud

Allí fue liberado en consideración de su «precario» estado físico y mental, como declaró el ministro del Interior británico, Jack Straw, quien no accedió a extraditarlo a España, donde sería juzgado por violaciones a los derechos humanos durante su régimen militar (1973-90).

La preocupación gubernamental se debe a que el 11 de marzo asumirá como presidente de la república el socialista Ricardo Lagos, quien continuará, por un tercer período, junto a los democristianos la administración que comenzó en 1990 con los mandatarios Patricio Aywin y Eduardo Frei, precisamente luego de que Pinochet fue derrotado en el plebiscito de 1989.

El ministro del Interior chileno, Raúl Troncoso, explicó a los periodistas –90 minutos después de que Pinochet bajó del avión que lo trajo de regreso al país– que «el hecho de que una persona baje caminando de un avión no significa que esté en condiciones de comparecer en juicio». El ministro secretario general de la Presidencia, ex canciller y futuro titular de la cartera del Interior, José Miguel Insulza, señaló que las aparentes buenas condiciones físicas de Pinochet harían que muchos invitados oficiales a los actos de trasmisión del mando no concurrieran para demostrar su rechazo.

Insulza criticó, asimismo, que se recibiera a Pinochet con una banda militar que interpretó canciones de corte nazista como «Lily Marlene». En términos similares opinó el senador Ricardo Núñez, presidente del Partido Socialista.

Pinochet llegó al país sonriente, caminó, saludó con sus brazos en alto y besó a algunas de las casi 300 personas que lo esperaron, entre ellos los máximos jefe de las Fuerzas Armadas. Posteriormente fue trasladado en helicóptero hasta el Hospital Militar.

Sólo allí demostró alguna dificultad para descender de las escaleras del aparato, mientras que en las inmediaciones del nosocomio más de tres mil enfervorizados adherentes lo aplaudían agitando banderas chilenas.

El director del Hospital emitió posteriormente un comunicado que señaló que luego de «evaluar su estado de salud, resentido con su detención en Londres», Pinochet «será dado de alta», hecho que ocurriría en horas de la tarde de hoy.

Pese a ello, Troncoso descartó que la situación médica del ex dictador sea «bochornosa» para el gobierno chileno y ratificó que el presidente Frei no se equivocó al invocar las razones médicas para pedir la liberación del ex militar.

Contra Pinochet se han presentado en Chile 60 querellas, todas investigadas por el juez Juan Guzmán, quien adelantó que el lunes pedirá los exámenes médicos del ex presidente de facto y adelantó que la legislación chilena sólo impide ser juzgado a quien muestra secuelas psicológicas.

Desde que dejó la comandancia en jefe del Ejército, el 11 de marzo de 1998, Pinochet ocupa un cargo como senador vitalicio y, como tal, podría participar en los actos de trasmisión del mando presidencial, «porque vive un nuevo aire», según su hijo Marco Antonio.

Gente cercana al ex dictador había declarado que Pinochet no tendría actividad política a su retorno a Chile, pero que ahora afirman que «ello es una decisión sólo de él».

Al respecto Troncoso recordó que la trasmisión de mando es «una actividad política» y, como tal, Pinochet puede participar, pero que sería bueno que «se margine».

Insulza, quien a cargo de la cartera del Interior será el más importante ministro del gobierno de Lagos, calificó de «mala imagen» mundial la recepción dada hoy al ex dictador porque «aunque existan personas a las que les parece normal, en Chile y en otras partes son resabios de un pasado que todo el mundo ha dejado atrás y olvidado».

La preocupación del gobierno chileno es que Pinochet no haya olvidado y se presente en el Congreso a los actos en que Frei, entregará la presidencia al continuista Lagos.

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