Otra noche de violencia racial en Manchester
Londres, ANSA
La mezcla explosiva es la misma: racismo, pobreza y desconfianza hacia la policía. En ambos casos encendieron la mecha los extremistas de derecha que luchan por la supremacía de los blancos.
Sus provocaciones fueron lanzadas en un clima ya envenenado por una campaña electoral donde las polémicas sobre el derecho de asilo y la inmigración clandestina derivaron a veces al terreno minado de la identidad nacional.
Un triste espectáculo para un país que, al menos en su mejor parte, se enorgullece de ser multicultural y multiétnico.
«Lo que sucedió en Oldham no es un típico ejemplo del estado de las relaciones raciales en Gran Bretaña», comentó el premier Tony Blair.
Y aunque probablemente tiene razón, es igualmente cierto que las escenas vistas en las últimas 48 horas son lamentablemente familiares, como recordó ayer el Guardian.
En una cálida noche estival, hombres jóvenes queman autos, rompen vidrieras y se enfrentan violentamente con la policía. Ocurrió en los años 90 en los bolsones deprimidos de Oxford, Leeds y Cardiff; y sucedió también en la década precedente en Brixton, Southall y Toxteth.
El enfrentamiento del sábado es el peor en 20 años, después de aquel estallido de 1981 en el barrio londinense de Brixton, entre inmigrantes caribeños y la policía. Esa vez hubo 300 heridos y 10 millones de dólares de daños.
Ahora ocurre en Oldham, donde el 40 por ciento de los jóvenes asiáticos están desocupados y donde desde hace meses y sin ser molestados los racistas del National Front provocan, agreden y distribuyen volantes, creando en las comunidades de Pakistán y Bangladesh un sentimiento de inseguridad y miedo, pero sobre todo de desconfianza hacia la policía.
También sucede, aunque en menor medida, en Sylesbury, donde anoche unos 60 jóvenes paquistaníes, cansados de las provocaciones de los racistas e insatisfechos de la respuesta de la policía, decidieron hacer justicia por mano propia y se lanzaron contra los militantes de Combat 18 en una casa donde estaban reunidos.
La policía de Manchester rechaza todas las críticas, incluso la de haber exagerado al poner bajo sitio, tras la primera noche de incidentes, las áreas de Glodwick y Westwood, barrios casi exclusivamente habitados por asiáticos. «Seguiremos teniendo una fuerte presencia para impedir la repetición de los incidentes», dijo ayer el comisario Alan Bridge. Pero los líderes de la comunidad asiática no están tan satisfechos: recuerdan que cuando los escuadrones racistas comenzaron sus provocaciones la policía estaba ausente, y piden a las autoridades urbanas tiempo para aplacar los ánimos inflamados. Además, requieren del gobierno inversiones a largo plazo en trabajo, salud y construcción para dar esperanza a los jóvenes.
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