Francia: crisis en la izquierda
París, ANSA
El líder comunista, que afirma querer «seguir el debate», evidentemente quiere intentar desactivar la crisis interna del gobierno que provocaría un voto negativo de su partido.
Pero además de intentar un compromiso con Jospin, debe contener al ala más radical de su partido, que no quiere mediaciones. Previamente los comunistas franceses habían renovado, en abierta polémica con los socialistas, su amenaza de votar en contra de la ley del gobierno sobre «despidos fáciles». La decisión de Hue trata de no acentuar la crisis de la «izquierda plural» que gobierna Francia desde 1997. «Es muy probable que el PCF vote en contra», había advertido el vocero comunista en la Asamblea Nacional, Maxime Gremetz.
En una entrevista, Gremetz rechazó sin apelación la ley antidespidos, que los socialistas defienden a capa y espada: no les parece lo suficientemente severa.
El PCF quisiera que a las empresas se les quite por completo la libertad de reducir la fuerza de trabajo sólo para mejorar los beneficios y el rendimiento bursátil.
Los espacios de compromiso parecen más bien exiguos: los socialistas rechazaron las enmiendas comunistas a la ley y el gobierno no prevé «concesiones» de último momento, incluso si el martes por la mañana la ministra de Trabajo, Elisabeth Guigou, podría dorar la píldora con la promesa de una futura ley en la que se reforzarían los derechos sindicales de los obreros.
Puesto que también los ecologistas están en posición crítica y se abstendrán, la ley sobre la «modernización social» –que incluye las normas sobre los «despidos fáciles»– probablemente terminará en un resonante fracaso si los comunistas el martes rechazan la propuesta. Aunque no habrá un peligro automático de crisis gubernamental, seguramente se crearía una situación potencialmente explosiva, que derrumbaría la imagen compacta hasta ahora ofrecida por la «izquierda plural».
El socialista Claude Allègre, ex ministro de Instrucción Pública, no excluye siquiera que Jospin reaccione de mal modo a la rebelión del PCF y termine «dando un portazo, renunciando a ser candidato al Eliseo».
Para Alain Bocquet, presidente del grupo PCF en la Asamblea, no se hará ningún «psicodrama» sobre un eventual rechazo de la ley: sobre la base de los acuerdos de gobierno, los comunistas deben aprobar en el Parlamento sólo las propuestas de presupuesto presentadas por Jospin. Para el resto, tienen las manos libres.
Hue hasta ahora negó su intención de romper con Jospin, pero después del fracaso en las elecciones administrativas de mediados de marzo, el PCF parece decidido a figurar cada vez más como partido de lucha, a despecho de su imagen de partido de gobierno.
De hecho, no quiere dejar demasiado espacio a la extrema izquierda de sello trotskista, en fuerte ascenso en los barrios obreros y en los ghettos urbanos, ya que teme resultar extinguido si queda alineado con la tendencia de Jospin.
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