Roma, Turín, Nápoles: fiesta en la plaza
Por Niko Schvartz
Leemos en la prensa italiana que también el balotaje en las elecciones provinciales confirmó el éxito alcanzado por el centro izquierda en las grandes comunas, ya que venció en tres de las cinco provincias en que se renovaba el Consejo y el presidente: Mantova y Lucca se sumaron así a Ravenna, conquistada en el primer turno. De las otras 70 «piccoli communi», la izquierda se alzó con la victoria en la mitad de las que quedaron fuera de la disputa entre agrupamientos locales.
Veltroni y la Roma, todos mezclados
En su conjunto, estos resultados señalan una tendencia a revertir los resultados de las presidenciales del 13 de mayo, en que prevaleció la Casa de las Libertades del magnate Silvio Berlusconi, en base a la división de la izquierda. Más aún, se van creando las bases para un relanzamiento de la totalidad de las fuerzas de centroizquierda hacia la reconquista del gobierno.
En Roma, Turín y Nápoles la victoria sigue a dos gobiernos consecutivos de la izquierda en cada una, desde 1993, lo que asume un carácter de confirmación y aprobación de la gestión realizada. Veltroni, ex ministro de Cultura y ex vicepresidente del gobierno de Romano Prodi, sucede en la alcaldía de Roma a Francesco Rutelli, que enfrentó en las presidenciales a Berlusconi, el cual se jugó entero al triunfo de su candidato, Antonio Tajani. Rosa Russo («Rosetta»), triunfante en Nápoles, ex ministra y fuerte personalidad de la izquierda, sucede a los dos períodos del popular Antonio Bassolino. En Turín, Sergio Chiamparino festejó la victoria conjuntamente con el ascenso a primera de su club (el granate Torino del uruguayo Gustavo Méndez).
Este rasgo se repitió en Roma, donde se notaba entre los festejantes a los tifossi de la Roma, seguros que este año no se les escapará el scudetto, junto con gente del espectáculo (como el cantante Lucio Dalla, que paseó «La notte dei miracoli» por toda la campaña electoral), mientras tremolaban juntas todas las banderas: las del Olivo, de los Demócratas de Izquierda, de La Margarita de Rutelli, de la lista del ex fiscal di Pietro y de Refundación Comunista, todas concurrentes en llevar a Veltroni al Campidoglio. Análogas celebraciones tuvieron lugar en las otras ciudades.
Resulta asombroso que estos hechos, con participación de millones de personas, hayan sido prácticamente ocultados por los grandes medios de difusión internacionales.
La fuerza de la unidad
Veltroni manifestó en su primera alocución: «La unidad es nuestra fuerza. Debemos aprenderlo de una vez para siempre». Señaló la sensible recuperación de la izquierda tras «una batalla dura, pero hermosa», y el gran trabajo efectuado por sus predecesores en la periferia de Roma. «La Repubblica» acota, describiendo el clima reinante en las concentraciones multitudinarias: «La unidad de que habla Veltroni es una auténtica fuerza política».
Otro aspecto del tema fue abordado por Rosa Russo en la plaza del Municipio de Nápoles, al afirmar: «La campaña fue agotadora pero espléndida, porque se hizo con la gente. Participó toda la Nápoles democrática. Mi estrella polar será el interés de la ciudad y no sólo de quienes nos votaron» (análogamente, al iniciar su primer mandato Bassolino había prometido ser «il sindaco de tutti i napoletani»). Afirmó además no haber temido el efecto de arrastre de la victoria derechista del 13 de mayo.
Una señal desde el norte
Esto último fue proyectado hacia el futuro por el turinés Sergio Chiamparino, al destacar que el éxito de los ocho años de gobierno de sus antecesores se basó en «actuar en medio de la gente». Dedicó una mención especial a los electores de la Refundación, que sumaron su voto al candidato de la centroizquierda. «Al menos por esta ciudad –agregó– la onda de Berlusconi no pasó». Yendo más lejos, la opinión predominante era que Turín podía transformarse en un puesto de avanzada de la centroizquierda en el norte, un puntal en el cual era factible afianzarse para reconstruir la coalición incluso a nivel nacional, con vistas a recuperar el gobierno.
En síntesis, como resultado del doble turno electoral (13 y 27 de mayo), Italia tendrá un primer ministro de derecha y gobiernos municipales en gran parte en manos de la izquierda. Berlusconi se empeñó de lleno en la última instancia, con todo el poder de su fortuna y de los medios de comunicación de su propiedad, pero además prometió ayuda a las ciudades que lo favorecieran con su voto y amenazó a las que rechazaran a sus candidatos. Este chantaje múltiple no le resultó. Ahora enfrenta además los problemas suscitados por las apetencias de sus socios de la Liga del Norte y de la Alianza Nacional para la integración del gabinete y las presidencias de las cámaras.
El Olivo en una nueva fase
En este nuevo cuadro se plantea un reposicionamiento y una reestructuración de la alianza de los diversos sectores que componen el Olivo, llamado ante todo a constituirse en una sólida fuerza de oposición al nuevo gobierno, con una sola voz y propuestas elaboradas y acordadas conjuntamente, «para construir de modo serio e incisivo nuestra visión alternativa, con un perfil unitario y combativo», como dice Rutelli, líder del agrupamiento La Margarita en el seno del Olivo.
Este sostiene que dicha formación no canibalizó a los Demócratas de Izquierda (ex comunistas) como se llegó a afirmar, sino que conquistó votos más allá del perímetro de la centroizquierda, comprendida la derecha, la Liga e incluso abstencionistas del primer turno. Vislumbra una recomposición del amplísimo arco de la izquierda y centroizquierda italiana, sin dejar ninguna fuerza por el camino, incluyendo a los verdes, a los socialistas democráticos y logrando acuerdos con la Refundación. Se le presunta si podrían configurarse dos grandes bloques en el Olivo, una a la izquierda centrado en los Socialistas Democráticos y otro al centro con La Margarita, y responde que en todo caso deberían valorarse y respetarse además otras sensibilidades, en el ámbito del socialismo democrático y de los ambientalistas.
Su conclusión general merece retenerse. La enuncia en los siguientes términos: «Las cifras confirman que podríamos reconquistar en tiempo razonablemente breve la mayoría del consenso en el país».
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