Argentina: pánico por la inseguridad alienta al fascismo

El asesinato por delincuentes de dos suboficiales de la Policía Federal en el barrio céntrico del Once, ha vuelto a desnudar la fragilidad del tejido social argentino en tiempos de crisis inacabables.

El entierro de los policías derivó en un aquelarre antisemita cuando civiles, que no se sabe si son o fueron de la institución policial, le gritaron al secretario de Seguridad, Enrique Mathov «judío de mierda» y otras lindezas que alcanzaron además al jefe de la Federal, Rubén Santos. Mathov no es ningún blando, ya que mandó reprimir manifestaciones sindicales y es considerado como amigo de la Federal. Su cabeza pende de un hilo.

Como siempre, cada vez que el pánico invade a estratos de la sociedad retornan los reclamos por mayores atribuciones para la policía. Se las han dado en la provincia de Buenos Aires, a instancias de su actual gobernador, Carlos Ruckauf, y sin embargo en ese territorio se registra un robo cada tres minutos y el delito, el crimen, pero también la tortura y el llamado «gatillo fácil» es ahora mayor que un año atrás.

El gobierno porteño, encabezado por el frentista Aníbal Ibarra, no tiene poder de policía. Pese a que la ciudad es autónoma, Carlos Menem maniobró para no otorgarle el control de la seguridad que ayer Ibarra volvió a reclamarle ahora a su gobierno, que es el de la Alianza. El pretexto de la demora para transferirle a la comuna la policía, es el presupuesto para mantenerla, lo que reclama el gobierno local, porque es el que más aporta en el país para los fondos de coparticipación federal de los impuestos.

Ayer las radios abrieron sus grifos al público y se escucharon alocuciones de fuerte tufillo derechista. No es la primera vez que ocurre, aquí o en cualquier lado, cuando se niega desde el poder, por comenzar, y mucho por intermedio de los comunicadores, que la pobreza, la marginalidad creciente, la droga apañada por sectores poderosos, la impunidad de crímenes y delitos contra el Estado, es un factor insoslayable de la trepada del delito y la crudeza de los mismos: es que como que la vida ya no vale nada, tanto para delincuentes y en no pocas ocasiones para los policías bravos.

Nada es casual

Días atrás salió a la calle con el reclamo de seguridad, vecinos de los barrios de Palermo y Belgrano. Página/12 reveló que uno de sus organizadores es un coronel retirado articulado al aparato del gobernador Ruckauf y durante esa pueblada encomió a la policía fustigando a los políticos que serían permisivos con los delincuentes. Allí se gritó contra Mathov, pero también contra Ibarra y el ministro del Interior, Ramón Mestre. El discurso contra la política hoy está instalado y seguramente mucho han hecho sus protagonistas para que así se sienta en amplios sectores ciudadanos, como si fuera la causa de las desdichas populares.

Un hombre del gran capital financiero lanzó la cifra de que la política consume 20.000 millones de dólares anuales, supino disparate que es repetido aquí y allá por periodistas de TV ignorantes, si no malvados. El ex presidente Raúl Alfonsín le dijo a la prensa extranjera que la cifra posible es de 1.500 millones de dólares y un estudio que ayer publica Página/12, eleva un poco el monto: con datos de los que insumen el Parlamento, todas las legislaturas, concejos comunales y sus jerarquías y empleados, el gasto se eleva a 1.669 millones de dólares. El PBI del país es de poco más de 300 mil millones de dólares y el presupuesto anual unos 50.000 mil millones. El Estado, en tanto, destina 305 dólares anuales por cada argentino a pagar intereses de la deuda y apenas 79 a educación o 13 a planes de empleo.

El discurso oculto es claro: no es el modelo de acumulación y distribución responsable de la crisis, sino la clase política, que tiene lo suyo, y grave, ya se sabe, y los delincuentes. O los villeros, es decir, los habitantes de las villas de emergencia, a quien el nuevo jefe de policía bonaerense prometió rodear con efectivos para vigilarlos.

Va de suyo que el delito y el crimen son hoy mayores que en el pasado, y no solamente porque la libertad de prensa blanquea gran parte de lo que ocurre y que se requiere de las autoridades medidas adicionales. El pánico es pésimo consejero y, peor aún, caldo de cultivo para la demagogia.

No en vano se especula con el «vacío de poder», con la necesidad de anticipar las elecciones presidenciales para darle al país un gobierno fuerte. El propio FMI se hace eco de la debilidad del gobierno de Fernando de la Rúa, aunque para hacerse cargo de las reformas económicas que permitan al país pagar la deuda externa, alejar definitivamente la cesación de pagos. Así están las cosas.

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