Migraciones masivas a causa de los problemas económicos y políticos

Millones de latinoamericanos dejan su tierra

Buenos Aires, ANSA

 

Incluso estas migraciones, en una región históricamente receptiva, obligaron a la potencia mundial, Estados Unidos, a cambiar hábitos políticos y culturales por la explosión de lo que se denomina el «boom hispano».

Este fenómeno abarca desde los «balseros» cubanos, haitianos y dominicanos hasta los «espaldas mojadas» de México y Centroamérica, pasando por los cientos de argentinos que cada día intentan obtener la ciudadanía española o italiana para recorrer el camino, a la inversa, de sus padres y abuelos que poblaron el país sudamericano.

Uno de los casos más paradigmáticos es el de Colombia.

El último año 1.072.000 personas, 300.000 de ellas profesionales, emigraron del país víctima de un 20 por ciento de desocupación y violencia política, según datos oficiales.

Al igual que en muchos países centroamericanos, Colombia tiene a las remesas que envían los inmigrantes, desde Miami o Los Angeles principalmente, como tercer ingreso de divisas al país: 1.700 millones de dólares anuales llegan a Colombia, en una industria que sólo es superada por la del petróleo y el café.

México, la segunda economía latinoamericana después de Brasil, sigue estando «tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos» y tiene una de las fronteras más transitadas (o vulneradas) del planeta.

Miles de mexicanos que cruzan legal o ilegalmente hacia Estados Unidos provocaron el fenómeno de los pueblos fantasmas, ya que por ejemplo, este año, no serán cosechadas 2.600.000 hectáreas. Por año, 30.000 campesinos se marchan con o sin papeles hacia Estados Unidos a trabajar por mejores salarios.

Según la Unión Nacional de Campesinos y Emigrantes, unos 10.000.000 de mexicanos que trabajan en Estados Unidos envían unos 6 millones de dólares a sus familias. El ingreso de divisas de los inmigrantes es también la tercera fuente de la economía, detrás del petróleo y el turismo.

En la isla de Cuba, más de 20.000 personas, según estimaciones oficiales, lograron llegar a las costas de Estados Unidos en precarias balsas en los últimos diez años (sin contar los 40.000 que salieron en agosto de 1994 en la llamada crisis de los «balseros»).

Sobre el gobierno comunista de Fidel Castro pesa una ley inédita en América Latina: la del ajuste cubano, que rige en Estados Unidos y mediante la cual se le otorga estatus legal a cualquier cubano que llegue a las costas norteamericanas, independientemente de cómo lo haga.

Cuba denuncia que esta ley promueve la inmigración ilegal. Unos 200 traficantes de personas están detenidas en La Habana.

Un fenómeno similar se da en las vecina isla La Española, desde donde, también en balsas, un centenar de haitianos y dominicanos muere trimestralmente en el mar cuando intenta llegar a Puerto Rico y, desde allí, a Estados Unidos, de acuerdo a organizaciones no gubernamentales.

En El Salvador, por ejemplo, se denomina el «departamento 15″ del país (son en realidad 14) a los cientos de miles de ciudadanos que viven en ciudades de Estados Unidos.

Costa Rica, el país con más desarrollo en Centroamérica cuenta, según estimaciones de la prensa, con un millón de inmigrantes nicaragüenses, en lo que representaría el 25 por ciento de la población costarricense.

En Nicaragua, un campesino percibe 23,8 dólares de salario mensual, contra 109 que puede obtener en Costa Rica. En tanto en Honduras, el éxodo se acrecentó en 1998, luego del devastador huracán Mitch. Unos 220.000 hondureños viven en Estados Unidos y giran al país 450 millones de dólares al año hacia sus familias.

En Guatemala el flujo migratorio se registra desde luego de la guerra civil, a mediados de los ochenta, y cada semana llega un avión desde Estados Unidos repleto de guatemaltecos deportados.

Además del caso colombiano, América del Sur presenta un movimiento masivo de personas variado: mientras que en el gigante brasileño la emigración no es mayoritaria, en el vecino Venezuela está en aumento un proceso de emigración hacia Estados Unidos, Canadá, Italia y España.

De Perú han emigrado al menos 1.200.000 personas en los últimos años y por día se entregan 700 pasaportes. Pese a que no hay cifras oficiales, los principales destinos son Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia, Estados Unidos, Francia, Italia y España.

En Argentina, un ejemplo basta para mostrar por qué hay largas filas, de un millar de personas diarias, frente a los consulados de España e Italia para pedir pasaportes, en un país que «desciende de los barcos» y que vive una aguda recesión económica. Estimaciones de cancillería indican que medio millón de argentinos vive fuera del país, principalmente en Italia, España, países limítrofes y Estados Unidos (Miami). Como caso inverso, Argentina sigue siendo receptor de decenas de miles de inmigrantes de países vecinos. La tendencia decreció este año en Uruguay, luego de que 57.000 personas se establecieron en el exterior el año pasado.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje