Radicales y frentistas buscan que De la Rúa recupere el poder

Cavallo opaca al presidente

Por Isidoro Gilbert – Corresponsal en Argentina

 

Para el presidente es una lectura equivocada de sus amigos, extendida a los analistas y hasta a dirigentes sociales y políticos que piensan en remedios constitucionales para intentar recrear un poder legitimado por las urnas. Dicho de otro modo, convocar a elecciones presidenciales junto a las legislativas de octubre. De la Rúa explica como natural la primacía del ministro de Economía, más en los medios que en la toma de decisiones, que, insiste, no ha delegado y que una muestra de ello ha sido su negativa a refrendar el proyecto de ley que privilegiaba de la recaudación fiscal lo destinado a los acreedores externos, una medida que pensó Horacio Liendo, influyente mano derecha del ministro, como señal de confianza a los desconfiados mercados. Otra: rescindir, a pesar del ministro, un cuestionado contrato con la alemana Siemens, que traerá cola.

La historia es más compleja. El lunes, el presidente supo de la mesa de diputados de la Alianza que la iniciativa no iba a pasar por la Cámara baja. Los gobernadores y senadores peronistas, avispados, le habían prometido a De la Rúa y a Cavallo respaldo a la indigerible norma, siempre que el oficialismo proclamara su disposición a aprobarla. Una verónica ejemplar.

En aquel encuentro, el radical Jesús Rodríguez le dijo en palabras pasadas en limpio que el presidente debía mostrar que gobierna y que ellos, los legisladores, no están dispuestos a ser conducidos por el ministro de Economía, cuyo paso por esa cartera lo calibran como compatible con la crisis económica y financiera, pero no como proyecto político. Es decir, transitorio.

Horas más tarde los mismos diputados mantuvieron una muy dura discusión con Cavallo sobre la ley resistida pero también recordándole que no tenían el mismo destino en la vida, asunto que el ministro supo siempre, pero no es algo que le quite el sueño. De todas maneras, Cavallo prometió suspender el proyecto Liendo, que por otro lado los aliancistas saben de la boca de dirigentes de la Asociación de Bancos Argentinos que no es primordial, ni modifica la idea que hoy tienen los tenedores de bonos o los inversionistas sobre Cavallo: que valoran su trayectoria, aunque le imputan errores de su breve gestión y tienen dudas, sobre todo, sobre los objetivos políticos del gobierno y la capacidad de manejo que tiene el presidente.

Sin embargo, en la reunión del gabinete del martes, Cavallo volvió a la carga sobre la importancia del proyecto de garantías a los acreedores, enredado debate que cuando comenzó a tomar cuerpo tuvo un ausente imprevisto, el Presidente, que los dejó a todos hablando. Cuando regresó, la cuestión social estaba en el centro de la agenda con posiciones divergentes entre los ministros, tres líneas al menos pero finalmente De la Rúa resolvió enviar a su secretario privado a destrabar el piquete de La Matanza. Buena señal para los políticos de la Alianza, Raúl Alfonsín sobre todo, que buscan ponerle el hombro al presidente y quieren «marcarle la cancha» a Cavallo.

 

Cavallo y un peronismo matizado

El peronismo no tiene una mirada común en torno al poder, que tiene como trasfondo una inédita explosión social. No es un estallido anárquico ni vísperas de disolución del gobierno, o su recambio, a pesar de que no escasean los que deliran con escenarios revolucionarios. Cierto o no, al gobernador Carlos Ruckauf se lo inserta en una política de debilitamiento del Presidente, su amigo de ayer, como dándole fuego a la idea del anticipo de las elecciones. El bonaerense tuvo con Cavallo una dura y larga conferencia telefónica, aclarándole que no enciende las brasas de la conflictividad social, que menos aún al camionero Hugo Moyano, porque no lo maneja a control remoto. Le dio detalles precisos sobre qué fuerzas motorizaban el corte de ruta de La Matanza, que desveló los días recientes al gobierno por su masividad e intensidad al igual que la marcha de 100 kilómetros fogoneada por la Corriente Clasista y Combativa. Le contó (mal) a Cavallo que lo del piquete era responsabilidad del Frepaso y de los políticos del gobierno que no cumplieron pactos viejos. No se detuvo en informes: le reiteró su apoyo y el del peronismo de la mayoría de las provincias.

Le dijo más aún: «Salgo a bancarte en lo que me pidas y te invito a que participes de la reunión que el martes tendremos los gobernadores, donde podemos sacar una documento en apoyo a tus medidas. No me pidas que no discuta con el presidente, porque siempre elude las definiciones», contó uno que escuchó un lado de la charla.

El bonaerense sabe, y se lo dijo a Cavallo, que si el ministro no consigue el canje de bonos de la deuda, la provincia que gobierna no puede conseguir créditos urgentes, como los que tiene gestionado para construir penales para el alto índice de delincuencia y las consecuencias del enfoque de cómo enfrentarlo. De hecho, esto coloca a Ruckauf más cerca de darle el máximo poder al ministro de Economía y transformar al presidente «como al rey Fernando de nuestra independencia: gobernar en su nombre», cuentan personas que repiten el pensamiento del gobernador. ¿Son, entonces, intrigas de sus enemigos que lo ubican como motor de un relevo institucional del presidente? No hay respuestas categóricas. Alguien lo escuchó mencionar la ley de Acefalía si la emergencia lo reclamara. Pero nada más, por ahora.

Los otros dos gobernadores con ilusiones para 2003, el aliado de Ruckauf, Eduardo Duhalde, el propio Carlos Menem, ahora tan acosado y debilitado, harán lo indecible para que De la Rúa llegue a esa meta. No son intrincadas sus motivaciones personales. Por lo pronto José Manuel de la Sota y Carlos Alberto Reutemann han logrado postergar hasta muy avanzado 2002 la decisión peronista sobre candidaturas y autoridades. Para renovar la conducción partidaria, estuvo bregando Duhalde, que por ahora deberá conformarse con renovar sus títulos en su territorio.

 

La dinámica de los acontecimientos

Tanto el cordobés como el santafesino ven bien a Cavallo, lo respaldan, pero son prudentes en cuanto a dejar resquicios sobre la autoridad presidencial. No entrarán en polémica con De la Rúa, como la que Ruckauf convirtió en norma, tal vez porque está convencido de aquello del «que nace barrigón es al ñudo que lo fajen». Aquellos dos, con preeminencia del cordobés por el meditado segundo plano del santafesino «ahora pensando sólo en gobernar», dicen los que lo conocen, están dispuestos a respaldar la ley de garantías a los acreedores así como reclamar los incumplimientos que Cavallo, como antes José Luis Machinea, arribaron con las provincias. Los atrasos de dinero y planes sociales agudizan la conflictividad por aquí y por allá.

La dinámica de los acontecimientos lleva al gobierno a estar más cerca de sobrevivir con Cavallo con los poderes que demanda, aunque estas semanas le ha costado lograrlos. El escenario garantiza el respaldo de los grandes gobernadores, a pesar de las reticencias del bonaerense. Es menos fácil reflotar la Alianza original, es decir un gobierno con mayor presencia radical clásica y frentista, con un De la Rúa conduciendo sin cuestionamientos. La debilidad objetiva de esta perspectiva hará que antes que después el bloque de diputados de la Alianza se escinda, con uno radical y otro del Frepaso, coordinando acuerdos.

 

El conflicto social

Son, de todos modos, devaneos en el seno del poder. Ahora tallan, además de los mercados, la conflictividad social, que en verdad no es un estallido, ni ingobernabilidad, saqueos, luchas callejeras, vacío de poder. Pero el piquete volvió para quedarse porque el ajuste permanente del gasto público diluyó las partidas dest
inadas para estas emergencias de auxilio. Ni el Ministerio del Interior, ni el de Trabajo ni el de Solidaridad Social tienen los fondos destinados por el presupuesto para 2001, por la poda de gastos que practicó Cavallo, y que no será la última. Político al fin, sin tomar en cuenta opiniones de Cavallo y de otros dos ministros, el presidente tomó en sus manos por vía de su secretario privado, el influyente Leandro Aiello, buscar desarmar con concesiones el piquete emblemático de La Matanza. Los funcionarios de Trabajo bajaron la presión de la marcha encabezada por los clasistas de Raúl Castells también con hechos concretos. El canje de la deuda, amén de las gestiones de grandes bancos, fue acicateado por la situación brasileña, que con su crisis energética proyecta una caída del PBI previsto para 2001 y pasó a ser el temor de la semana en Wall Street.

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