Otro viernes sangriento
Aviv, ANSA
El presidente estadounidense, George W Bush, frente a la nueva espiral de violencia que amenaza con sepultar las tenues esperanzas de reanudación de las negociaciones de paz en Medio Oriente, manifestó alarma por el «nuevo nivel de intensidad».
En tanto, el responsable europeo de política exterior, Javier Solana, anunció que la UE enviará una misión en la región.
La dramática crónica de la jornada comenzó con el atentado suicida en la localidad costera de Natanya, 30 kilómetros al norte de Tel Aviv.
A media mañana un joven kamizake palestino, Mohammed Ahmed Marmash, hizo estallar una bomba tras intentar ingresar en el centro comercial Hasharon, repleto de israelíes que hacían compras antes del reposo judío de hoy sábado.
Procedente de la cercana Tulkarem, el autor del atentado usaba un pesado chaleco azul, bajo el cual ocultaba una poderosa carga de explosivos sujetos en torno a la cintura.
Dada la temperatura estival, su vestimenta pareció sospechosa a los encargados de la seguridad del centro comercial, que le impidieron entrar.
Una persona llamó también a la estación de policía, a sólo 50 metros del centro comercial, pero la primera patrulla llegó al lugar cinco minutos después de la explosión.
Al verse perdido, el autor del atentado ya había tirado un cordón que hizo estallar la carga. «Se desintegró literalmente», dijo un testigo.
Sobre el asfalto de la explanada del centro comercial quedaron los cuerpos destrozados y sin vida del autor del atentado y de seis judíos (cuatro hombres y dos mujeres). Las ambulancias que acudieron de inmediato al lugar llevaron a los 106 heridos (cinco de los cuales, entre ellos un niño de cinco años, están graves) al hospital de Natanya y a las cercanas ciudades de Hadera y Kfar Saba.
El atentado de Natanya fue reivindicado por el movimiento integrista islámico Hamas, cuyo líder espiritual, el jeque Ahmed Yassin, afirmó que «Israel recoge los frutos de la violencia que ha sembrado».
La familia del autor del atentado se declaró «orgullosa y honrada», y su hermano, Samir, contó que el «mártir» había salido temprano para ir a la mezquita de Tulkarem, y «parecía tranquilo».
Mediante su secretario general, Tayeb Abdel-Rahim, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) de Yasser Arafat condenó en cambio las «muertes de civiles inocentes, sean israelíes o palestinos».
El exponente de la ANP luego afirmó que «para detener este deterioro hay necesidad de prudencia y no de respuestas rabiosas y de otros bombardeos y muertes».
Pero en Tel Aviv el premier Ariel Sharon convocó de inmediato a los ministros de Exteriores, Shimon Peres, y de Defensa, Benyamin Ben Eliezer, para decidir qué respuesta dar al atentado.
Precedida de una emboscada contra un auto de colonos israelíes en las cercanías de Ramallah (Cisjordania), en que uno de los tres ocupantes murió y la madre quedó gravemente herida, la represalia judía se desencadenó a media tarde.
Helicópteros de combate y –por primera vez desde el comienzo de la nueva Intifada en setiembre pasado– aviones caza F16 bombardearon cuarteles de los servicios de seguridad de la ANP y de la fuerza de unidad selecta Fuerza 17 en Nablus, Ramallah y Tulkarem, en Cisjordania.
Las incursiones israelíes provocaron al menos ocho muertos y 90 heridos entre los palestinos, y se reanudaron más tarde en la franja de Gaza contra otros objetivos de la ANP, entre ellos la Marina palestina, golpeada por al menos quince misiles.
Un primer balance refiere a otros diez palestinos heridos en Gaza.
Mientras tanto, por temor a esta segunda ola de ataques, una reunión del ejecutivo de la ANP convocada en Gaza fue anulada. La ANP denunció «la escalada peligrosa, sin precedentes y de nuevo tipo» y pidió la intervención de la comunidad internacional para «detener la masacre de palestinos».
Pero el ministro de Exteriores israelí, Shimon Peres, reafirmó que atentados como el de Natanya «reducen mucho la confianza para volver a negociar con un socio responsable», y su colega Ephraim Sneh (Transportes) pidió a su vez «una acción internacional para obligar a Arafat a terminar con la violencia».
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