El hijo menor y el mayor rivalizan para ocupar el lugar de su padre

Preparan sucesión de Saddam Hussein en Irak

Beirut, ANSA

 

Según varios analistas el hermano mayor de Qusay, Uday, considerado por años el delfín heredero, se resiste a perder esa ubicación estratégica, que en algunos años será tener en sus manos al país.

Saddam Hussein, quien el pasado 28 de abril cumplió 64 años, está en el poder desde fines de la década del setenta y si bien sigue bajo la mira de Estados Unidos y no está bien de salud, todavía no designó oficialmente a un sucesor.

Cuando en setiembre pasado la prensa internacional volvió a hablar de un empeoramiento en las condiciones de salud de Saddam, el diario árabe «Asharq Al–Awsat» reveló que fue un constituido un consejo familiar presidido por Qusay para liderar al país en caso de una repentina muerte.

No obstante, el gobierno iraquí desmintió la versión.

El ascenso de Qusay, de 35 años, comenzó después de que declinó Uday, de 37, cuando el padre nominó al más chico como jefe de la Guardia Republicana –el cuerpo de elite de las Fuerzas Armadas–, luego de ser responsable de los servicios de seguridad y de organizar operaciones para eliminar a opositores en el país.

El diario Asharq Al–Awsat escribió que Hussein había concedido al hijo menor amplios poderes que de hecho lo ponen en condiciones de asumir, en caso de emergencia, la jefatura del Estado.

Saddam Hussein decretó además la formación de un «organismo de decisión», una suerte de comité para ayuda a Qusay a realizar elecciones justas y que está integrado por los vicepresidentes y los más cercanos consejeros presidenciales.

El hijo mayor, Uday, excluido del organismo de decisión, fue enviado a trabajar a un comité especial para tratar «especiales cuestiones de Estado».

El primogénito fue electo en marzo del año pasado diputado de la Asamblea Nacional (Parlamento) en la jurisdicción de Bagdad con el 99.99 por ciento de los votos, es presidente del Comité Olímpico y de la Federación de Fútbol Iraquí.

Además dirige el sindicato de periodistas y es el director del influyente diario «Babel» y otras publicaciones.

Con el objetivo aparente de volver a ser el «número dos» del país, en mayo de 2000 Uday destituyó al vicejefe de los servicios de inteligencia interna, Khalil Ibrahim, y de otros 30 funcionarios acusados de corrupción.

Varios analistas indican que con esta «limpieza» Uday habría «ganado la batalla» para el control de los servicios de inteligencia, reconfirmándose como delfín de Saddam.

De hecho, antenoche, en la reunión del partido Baath en el cual fue reelecto Saddam como jefe del partido y Qusay nominado miembro de la dirección, también estuvo Uday.

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