Las FARC apuestan por el presidente Pastrana
Los Pozos, Colombia, Reuters
Pastrana, educado en Harvard e hijo de un ex presidente, empezó las conversaciones de paz en enero de 1999 con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la guerrilla más antigua del hemisferio, para poner fin a una guerra de 37 años que dejó 40.000 muertos en la última década.
Pocos esperaban que las conversaciones –que han transcurrido con lentitud y atravesado serios tropiezos desde su inicio– fueran a producir frutos inmediatos y todo apunta a que Pastrana deje su cargo en medio del recrudecimiento de la violencia, según analistas.
Los rebeldes izquierdistas y los negociadores del gobierno han hablado de una «química personal» entre el mandatario, de 46 años, quien ha sido presentador de televisión, y el comandante de las FARC, Manuel Marulanda, alias «Tirofijo», un curtido campesino que cumplió 71 años recientemente.
Sin embargo, en miras de las elecciones de mayo de 2002, muchos colombianos desilusionados apuntan hacia la adopción de una posición más dura con los rebeldes. Pastrana, quien se ha reunido en tres ocasiones con Marulanda en el enclave desmilitarizado al sur del país, no puede ser reelegido porque la Constitución lo prohíbe.
En este contexto, los líderes de las FARC aspiran a que los candidatos adopten la difícil campaña de Pastrana para lograr la paz y evitar más derramamiento de sangre.
«Pastrana en el tiempo que le falta puede cimentar las bases de lo que puede ser en el futuro un verdadero tratado de paz», aseguró Raúl Reyes, uno de los siete miembros del Secretariado de las FARC, en una entrevista con Reuters.
Con rifle en mano, el rebelde habla de paz
«Nosotros esperamos que la política de paz sea una política de Estado, para que el que suceda a Pastrana continúe la política de buscar la paz con justicia social», dijo Reyes, un hombre con gafas y barba canosa de 51 años que hace dos décadas cambió su labor de profesor por las armas y la vida en la selva.
Vestido con uniforme de camuflaje y portando un rifle de asalto estadounidense R-15, Reyes afirmó que las FARC se plantean la paz seriamente, pero advirtió que si el diálogo fracasa aún se acaricia el sueño de tomar el poder con las armas.
Aseguró que las FARC, que controlan cerca del 40 por ciento de las áreas rurales de este país andino y selvático, tienen la capacidad de golpear las principales ciudades, incluso Bogotá, que hasta el momento ha estado al margen de ataques de rebeldes.
«Las FARC continuarán luchando por los diálogos. Pero si cierran la vía de los diálogos, pues entonces nos obligan a tomar el poder mediante el uso de las armas», advirtió Reyes bajo la sombra de una típica palma de este caserío en el corazón de la zona desmilitarizada.
En noviembre de 1998 el gobierno cedió a las FARC un territorio de 42.000 kilómetros al sur del país para desarrollar las conversaciones de paz.
«Nosotros planeamos de acuerdo a nuestra estrategia. Si el plan dice que hay que accionar sobre otros lugares, no se hace en los centros urbanos. Puede llegar el momento en que se accione en los centros urbanos», aseguró. Creadas en 1960 como un grupo de campesinos comunistas, las FARC, con cerca de 17.000 combatientes, dicen que buscan un cambio social radical que incluye una reforma agraria, servicios de salud y educación para la población pobre y el fin de las políticas neoliberales.
Por su parte, sus enemigos los acusan de ser «bandidos» y «terroristas» sin ideales revolucionarios. Reyes ha negado esas acusaciones alegando que son mentiras de oficiales antinarcóticos de Estados Unidos y de Colombia, quienes aseguran que las FARC recaudan cientos de millones de dólares anuales por sus vínculos con los narcotraficantes. Sin embargo, el comandante guerrillero admitió que su organización sí le cobra impuesto a los traficantes de narcóticos.
Reyes criticó con dureza a Estados Unidos por negarse a participar como miembro activo de las negociaciones de paz con las FARC y por haber donado 1.000 millones de dólares de ayuda, mayoritariamente militar, para desarrollar el Plan Colombia, una estrategia de Pastrana para erradicar cultivos ilícitos.
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