Volvió Pinochet
Una hora y cuarenta y cinco minutos después del anuncio de Straw, Pinochet se embarcaba en un avión militar chileno y partía de regreso a su país, desde la base militar de Waddington, en las afueras de Londres.
Straw puso punto final al interminable «caso Pinochet», aduciendo sus precarias condiciones de salud y citó artículos de la Ley de Extradición por los cuales el acusado puede ser eximido en el caso de que el traslado fuera «cruel o injusto» para el imputado.
El ministro afirmó ante los diputados británicos que se había limitado a seguir el procedimiento de la ley, pero no escondió su amargura cuando admitió ser «demasiado consciente de que Pinochet no será juzgado en ninguna parte».
Desde comienzos de enero, Straw había anunciado su intención de considerar las razones humanitarias para el ex dictador, que tiene 84 años, y había pedido una nueva pericia médica, cuyos resultados sometió después a España, Francia, Bélgica y Suiza, los cuatro países que habían solicitado su extradición.
Mientras el avión de Pinochet levantaba vuelo desde la base de Waddington, el ministro explicaba su decisión al Parlamento británico y definía al caso Pinochet como «una situación sin precedentes» en la que prevalecieron las razones humanitarias.
Jack Straw había apoyado durante meses el pedido de extradición de España para Pinochet, antes de anunciar su intención de liberarlo porque el estado de senilidad del ex dictador no le permitiría ser juzgado en condiciones de equidad. Hoy, casi como una confesión ante los diputados, dijo que «a lo largo del proceso judicial mantuve siempre la conciencia de la gravedad de los crímenes imputados a Pinochet y del deseo de justicia de quienes sufrieron en el régimen chileno». El juez español Baltasar Garzón, quien creó el «caso» al solicitar a Gran Bretaña la extradición de Pinochet, en un último intento para detener su liberación, exigió ayer la celebración de la vista de «hábeas corpus», prevista para el 20 de marzo. Pero el gobierno de José María Aznar no aceptó el recurso de Garzón, revelando una vez más la brecha entre la posición del gobierno y la de la justicia española sobre el «caso Pinochet». Las reacciones a la liberación de Pinochet fueron de rabia y desilusión en Londres, donde cientos de exiliados y familiares de las víctimas pasaron la noche en vela frente a la lujosa residencia de las afueras de Londres donde el ex dictador pasó casi un año y medio de arresto domiciliario.
Pero aun los más denodados acusadores de Pinochet, si bien desilusionados por la decisión británica, admitieron que su arresto fue de por sí una victoria y sentó un importantísimo precedente judicial a nivel internacional.
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