Todo depende de la Justicia
«Tengo confianza en que lo aprendido colectivamente en este tiempo nos servirá para mirar con honestidad las últimas décadas y poder así consolidar un futuro de paz y de tolerancia», dijo el presidente Frei en una declaración leída en el Palacio de La Moneda, sede del gobierno chileno.
«El caso Pinochet nos hizo reflexionar sobre nuestro pasado reciente con toda su carga de divisiones y nos ha impuesto la necesidad de dialogar con mucha franqueza sobre cómo enfrentar nuestra historia de manera constructiva. No queremos que el pasado sea un lastre agobiante; tampoco queremos un olvido fácil», subrayó.
Frei destacó que cumplió con un compromiso asumido durante el arresto de Pinochet en el sentido de traerlo de regreso antes del fin de su mandato, dentro de ocho días.
«La detención de Pinochet pudo haber sido el detonante de una crisis de consecuencias mayores. Felizmente no ocurrió así», destacó el jefe de gobierno chileno.
Frei reiteró que «ningún chileno» está sobre los tribunales y expresó confianza en que los jueces actuarán en el caso Pinochet «sin ninguna otra consideración que el imperio de la ley».
Pinochet llegará mañana a Chile y será recibido por los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y unos 150 ex ministros suyos, dirigentes políticos opositores de derecha y ninguna autoridad del gobierno.
El ex dictador encontrará también a sus simpatizantes, convocados para «actos de bienvenida al libertador de Chile» y a sus detractores que presentaron hoy en los tribunales la querella número 60 por violaciones a los Derechos Humanos.
El juez Juan Guzmán, a cargo de los procesos, pidió : «Dejemos que Pinochet primero llegue a Chile».
No obstante, adelantó que pedirá exámenes médicos para constatar su estado de salud, especialmente mental.
También en el palacio de Justicia, abogados querellantes en representación de familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos presentaron una solicitud de desafuero para que Pinochet, sin su calidad de senador, sea enjuiciado. El ministro del Interior, Raúl Troncoso, informó que están adoptadas todas las medidas de seguridad para el arribo del longevo ex dictador a Chile, en el grupo 10 del aeropuerto internacional Arturo Merino Benítez.»Todo va a transcurrir, espero, de una manera muy tranquila», señaló.
El canciller Juan Gabriel Valdés, en cambio, dijo que «una persona liberada por condiciones médicas y que ha recibido la condena universal no puede llegar como triunfalista», al interpretar a la «abrumadora mayoría de los chilenos» que «no quiere que el caso Pinochet siga dividiendo hacia el futuro».
En tanto Jacqueline Pinochet, una de las hijas del ex dictador, anticipó que su padre «no quiere seguir en política».
Pinochet regresará a Chile ocho días antes de la asunción del socialista Ricardo Lagos como Presidente de este país.
El ministro Troncoso desestimó que Pinochet esté en condiciones de salud para asistir a la ceremonia de transmisión del mando que se realizará en le Congreso, aunque reconoció que está facultado para hacerlo.
Llantos y festejos
Con lágrimas en los ojos, unos por la alegría y los otros por la pena, partidarios y enemigos del ex dictador Augusto Pinochet recibieron este jueves la noticia de su liberación en Londres, y preparaban actos de apoyo y manifestaciones de repudio para esperarlo en Santiago en la noche del jueves al viernes .
«Esta noche vestiremos de negro», dijo Viviana Díaz, presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos durante el régimen del ex presidente, tras expresar su «inmensa» tristeza por el fin de la detención del general. Un ambiente sombrío se adueñó de una vigilia de decenas de miembros de la entidad, mientras en la sede de la Fundación Augusto Pinochet, en otro barrio de la capital, se abrían botellas de champaña y se cantaba a gritos, en medio de abrazos de felicidad, cuando fue difundido desde Gran Bretaña el anuncio de la liberación, en la madrugada chilena.
Al cabo de 503 días de arresto, el ministro del Interior, Jack Straw, argumentó razones humanitarias y declaró finalmente clausurado el proceso de extradición de Pinochet a España, donde el juez Baltasar Garzón esperaba enjuiciarlo por delitos de genocidio, torturas y terrorismo durante su gobierno (1973-90).
Straw acogió un informe de médicos ingleses que afirmaron que el deterioro físico y mental del ex gobernante lo inhabilitaba para soportar un juicio.
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