¿Quién manda en Argentina?
Esta polémica no parece ser un simple cambio, duro, de palabras en un año electoral. El hecho de que el líder de la CGT disidente, el camionero Hugo Moyano, haya lanzado la consigna de «anticipar las elecciones presidenciales» de 2003 para octubre de este año, acaso tenga algo que ver con el cruce de acusaciones.
Para el gobierno, desde el presidente al ministro del Interior, hasta ahora un silencioso Ramón Mestre, el bonaerense crea pánico en la población al afirmar que está en desarrollo un reventón social, habida cuenta de que se multiplican los cortes de ruta de los marginados de todo, como si fueran estos días los últimos, y no pocos analistas estiman que pueden empujar a las autoridades a la represión.
Lo real es que el descontento social no sólo abarca a los marginados, que cortan rutas, o realizan marchas, u ollas populares con atención enorme por parte de la TV que multiplica lo que ocurre, pero que es en todo el país, con más o menor fuerza o contendido político.
En rueda de prensa con los corresponsales extranjeros, el ex presidente Raúl Alfonsín, señaló al «PC residual», una suerte de liderazgo en la organización de las protestas. Seguramente sus militantes participan de ellas pero el bastón de mando parece estar en el dirigente de la Corriente Clasista y Combativa, el filo maoísta Carlos «Perro» Santillán.
¿Estallido social?
O en un dirigente de jubilados del mismo espacio político, Raúl Castells, que piensa arribar esta tarde a Plaza de Mayo con miles de desocupados que vienen caminando desde la sureña y ex fabril bonaerense Berisso, nada cerca de esta Capital Federal, reclamando planes de trabajo. La romería comenzó el lunes. Y además, son otros sectores sindicales o de organizaciones de izquierda quienes aportan a dar organización a la protesta.
Ruckauf es hoy por hoy el candidato más popular que tiene el peronismo, que no es un dechado de cohesión.
Algunos analistas suponen que las dificultades que afronta su provincia, con un alto déficit y endeudamiento y el territorio por un lado más rico del país con mayores fuentes de trabajo, y por el otro con un índice de desocupados y marginales enorme, tan extendido como los millones que viven debajo del límite de la pobreza, le abre una perspectiva negra para su futuro.
Y que por esta razón, él sería partidario de anticipar los comicios para conseguir un gobierno de fuerte respaldo popular para afrontar la crisis económica.
Pueden ser especulaciones: nadie blanquearía este propósito, con la crudeza que lo ha hecho el camionero Moyano, que alguna vez se consideró como el ala sindical del gobernador. Hoy no andan en buenas migas.
El hecho de que a Domingo Cavallo, que desde hace poco menos de dos meses está formalmente en el gobierno de la Alianza, le cueste crear un clima de distensión, no entre los más humildes sino en los llamados mercados, es bastante ilustrativo de lo complejo de la situación.
Canje de deuda
El padre de la convertibilidad no consiguió respaldo de la Alianza, comenzando por el propio Alfonsín, para que De la Rúa respaldara una ley que daba prioridad a los acreedores para cobrar deuda o intereses, sobre trabajadores o jubilados. Fue además un forcejeo sobre quién gobierna. «El Presidente tiene el control de la situación» sostuvo Alfonsín ante la prensa extranjera ayer. Es que en el peronismo se dice que Cavallo es quien manda, una imagen fácil de comprobar leyendo los diarios. Por eso, los aliados del Presidente lo convencieron de que no diera curso a la ley de marras.
No es la única pelea por espacios que ha perdido en los últimos días el ministro, y habrá que acordarse de esto en las próximas semanas. Cavallo está por cerrar un canje de al menos 29.000 millones de dólares de bono de la deuda externa que vencen en los próximos dos años, por otros, a un interés que aún no está definido pero que será oneroso. Alto, por el llamado riesgo país que ronda los mil puntos, o sea, diez más que la tasa de referencia de los EEUU.
Todo indica que está acordada esta salida que puede ser un respiro, pero sangre, sudor y lágrimas para el futuro, sobre todo si Argentina continúa sin crecer, que es como puede tener trabajo para sus hijos y excedentes para afrontar los compromisos externos.
Los analistas consideran que los acreedores no irán por más, debido que un default criollo que empujará a sus vecinos a una situación catastrófica, especialmente a Brasil donde la crisis energética desnudó anacronismos de su estructura económica.
La previsible caída del PBI brasileño incidirá en la economía local, habida cuenta del alto porcentaje de su comercio externo con su gran vecino.
Alfonsín cree que las versiones sobre anticipo de elecciones presidenciales son una mala lectura de la situación que él debió vivir en 1989, cuando se vio obligado a dejar el gobierno acosado por el poder financiero y Carlos Menem que había ganado ya la presidencia.
No es el mismo escenario; un adelanto electoral sin seguridades del ganador, sería una catástrofe. No daría paso a un gobierno con consenso popular. Es lo que piensa el ex presidente.
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