Hoy comienza el espectáculo más grande del mundo

Brasil a ritmo de samba

En la céntrica plaza Cinelandia, el alcalde Luiz Paulo Conde, descendiente de catalanes, robusto, de barba quijotesca, improvisará un discurso y entregará el mando al más robusto aún (220 kilos) Rey Momo, Alex de Oliveira.

Con sus ropas y corona llamativas, el rey del carnaval –que adora comer pizzas gigantes– leerá su primer y único decreto, con vigencia hasta la noche del martes, en el que ordenará: «Muerte a la tristeza».

Después, irrumpirá una banda con la marcha «Cidade Maravilhosa» y, en un destartalado coche descubierto, el nuevo gobernante desfilará junto con la bella «Reina del Carnaval» y el «Señor Samba» por las calles del centro.

El 22 de abril de 1500, las naves de Pedro Alvares Cabral recalaron en el litoral de lo que es hoy Porto Seguro, en el estado de Bahia, litoral marítimo del noreste del país.

Por esa razón, en los temas de desfile de las 14 escuelas principales no faltarán las ropas de aborígenes, negros y navegantes, como así los papagayos, florestas y magias, las visiones de paraísos e infiernos y, obviamente, los temas epopéyicos.

La historia será explotada en sus más ricas variedades, que van de la solemnidad de las cortes reales a los reyes de los mendigos; de la Guerra del Paraguay a la dictadura militar y la lucha de los artistas y estudiantes.

Todo en revista con el sabor alegre del ritmo del samba y las descomunales carrozas con mujeres cimbreantes de senos desnudos, rubias tostadas y mulatas brillantes de micas y de pasos ágiles.

Serán 14 escuelas de samba que desfilarán la mitad en la noche del domingo y la otra mitad en la noche del lunes, cada una con alrededor de 4.000 integrantes.

Rio, la «Ciudad Maravillosa», recibirá más de 300.000 turistas durante la fiesta, de los cuales el 70 por ciento serán brasileños y el resto extranjeros, que se divertirán y gastarán centenas de millones de dólares.

El templo mayor del Carnaval, el Sambódromo (surgido de la inspiración del arquitecto de Brasilia Oscar Niemeyer), tiene 700 metros metros de extensión y graderías y camarotes para un total de 65.000 espectadores, a los que se sumarán millones por la televisión.

Centenas de bailes están programados en los clubes y en la vía pública de barrios y suburbios, además de los bailes con premios de disfraces y los de «gays» o travestis.

Paralelamente, tendrán lugar en todo Brasil otras numerosas expresiones carnavalescas, como la invasión callejera por los conjuntos afrobrasileños en Salvador, los tradicionales «frevos» y «ranchos» en Recife y Fortaleza y el carnaval creciente en San Pablo.

Concluido el Carnaval y escogidas las escuelas ganadoras en cada categoría, el sábado 11 de marzo tendrá lugar el desfile de las campeonas.

En esa oportunidad se presentará, por primera vez este año, una escuela de samba íntegramente de extranjeros y, como en los últimos años, un grupo carnavalesco de la ciudad de Cento, Italia, con su música contagiante, bandereros, payasos, malabaristas y muñecos con formas de animales de terciopelo que serán arrojados al público desde una carroza de barco de pirata.

Polémica con la Iglesia

Habitualmente eclipsada por Rio de Janeiro y sus desfiles, famosos en el mundo entero, la capital económica de Brasil, São Paulo, consiguió por primera vez este año que su carnaval llamara la atención gracias a una aguda polémica con la Iglesia Católica.

La curia eclesiástica se opone a que los carnavalescos hagan desfilar una gigantesca imagen de la Virgen sosteniendo a un agonizante y vilipendiado indígena en sus brazos.

La víspera del inicio, el viernes, de los desfiles de la más importante fiesta de Brasil, el centro de la polémica está escondida y cubierta con un manto a la espera de que los acontecimientos definan si la escultura hará una entrada triunfal en el carnaval paulista o si será definitivamente prohibida por la Iglesia y la Justicia.

Es una versión de la obra «La Piedad» de Miguel Angel: una blanca y delicada virgen de 4 metros de alto y 10 de ancho. La imagen, en vez de tener en sus brazos a Cristo muerto, sostiene con la misma desgarradora pena a un sufriente indígena con el rostro pintado y sangrientas heridas.

La estatua fue creada por la escuela de samba Aguia de Ouro, que al igual que todas las agrupaciones de carnaval, dedica su desfile de este año a los 500 años del descubrimiento de Brasil.

Al ritmo de una batería de 260 músicos, rodeada de un mar de purpurina azul esparcida en el suelo y de coloridas lentejuelas de los vistosos disfraces, la travesti Paula asegura en el ensayo final de la escuela que es una acérrima defensora de la «Santa», como ya es conocida la imagen de la Virgen.

«La Iglesia no tiene que preocuparse de nosotros (la escuela de samba), porque nosotros somos el pueblo; la Iglesia tiene que preocuparse de la delincuencia, el tráfico, la prostitución de menores, que son nuestros problemas», afirmó a la AFP Paula, una de los 2.300 integrantes de Aguia de Ouro.

Bajo la premisa de que no debe mezclarse lo religioso y lo profano, la Iglesia amenaza con pedir a la Justicia que retire la imagen, basándose en el mandato constitucional de protección de los símbolos religiosos, declaró a la prensa el portavoz de la archidiócesis de São Paulo, Arnaldo Beltrami.

En Rio de Janeiro, la Justicia, a pedido de la Iglesia, requisó el miércoles una imagen de Nuestra Señora de la Buena Esperanza y una cruz que no tenían ninguna connotación crítica, sino que estaban destinados a escenificar la primera misa de los portugueses en Brasil.

«Todas las escuelas hablan de los 500 años de historia de Brasil. La Iglesia forma parte de esa historia y tiene sus manchas, que no deben esconderse», opinó a la AFP el presidente de la Liga de Escuelas de Samba y máximo representante de Aguia de Ouro, Sidnei Antônio.

«Los indios fueron vilipendiados y merecen tener hoy a un representante en los brazos de la Virgen María», subrayó por su parte Paulo Fuhro, uno de sus diseñadores de la imagen, quien defiende que su escuela es la única que ofrece una visión crítica del papel de la Iglesia en la historia de Brasil.

«La imagen de la Santa se ha convertido en una curiosidad para nuestro carnaval», reconoció Solon Tadeu, presidente de la escuela de Samba Vai-Vai, la más antigua de São Paulo.

A los paulistas, que se autodefinen como serios trabajadores, no les va mal atraer la atención del turismo nacional sobre su carnaval para salir de la sombra de sus principales competidores en todos los ámbitos, los cariocas (habitantes de Rio), que tienen fama de festivos.

«El carnaval paulista es mucho más organizado y tradicional que el de Rio, que está hecho para los turistas», sostiene, orgulloso, Tadeu.

A pesar de que el carnaval de las dos ciudades tiene un gran concurso-desfile de dos días donde las principales escuelas de samba se disputan el podio, São Paulo y Rio tienen varias diferencias: «El ritmo paulista es mucho más rápido, la manera de tocar es diferente, y aquí no desfilan turistas», explica Sidnei Antônio.

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