Las elecciones en el País Vasco no harán desaparecer a etarras

Concejales socialistas le tienen miedo a ETA

Hernani, España, AFP

 

Antiguo administrador de sociedades de 57 años de edad, vive escoltado continuamente por tres guardaespaldas y en su vida cotidiana no tiene cabida ningún tipo de asueto como puede ser un paseo íntimo con su esposa por las calles de su ciudad o hacer salidas imprevistas.

Tampoco cabe una vida rutinaria o repetitiva, ya que hay que hacer todo lo posible para dificultar la tarea de los pistoleros de ETA que tienen en su punto de mira a los concejales locales no nacionalistas.

«El único momento en que, junto a mis guardaespaldas, puedo pasear por la ciudad es muy de mañana, cuando los jóvenes independentistas están en la escuela y los menos jóvenes ‘duermen la mona'», explica a la AFP con una sonrisa.

«Sería hasta gracioso, si no fuera por que han sido asesinados tantos compañeros», rectifica, recordando a su amigo Froilán Elespe, concejal socialista de Lasarte, a 5 kilómetros de Hernani, quien fue asesinado en marzo pasado de dos tiros en la espalda por un pistolero de ETA.

Con sus cerca de 20.000 habitantes, Hernani, situada a menos de 10 kilómetros al sur de San Sebastián (noroeste de España), es el buque insignia del independentismo vasco español. Es también el cierre del «cinturón separatista» que cerca la capital de la provincia de Guipúzcoa.

Pasaia, Lezo, Oiartzun, Hernani, Astigarraga, Andoain, Usurbil: son varias «islas» administradas –con mayoría absoluta o relativa– por la coalición independentista Euskal Herritarrok (EH), brazo político de ETA, que representa un 15% de los votos de los 2,3 millones de residentes en el País Vasco.

En Hernani, al igual que en San Sebastián, Bilbao o Pamplona, el baluarte de los independentistas se centra en el casco antiguo de la ciudad, donde en sus callejuelas medievales se multiplican los carteles que piden el voto para EH, pintadas en favor de ETA o grafitis que denuncian la «dictadura española».

En estos últimos días de campaña electoral, en los muros de la ciudad vieja sólo se pueden ver carteles de EH, en algunos de los cuales se muestra a una mujer embarazada con el lema «una nación libre está a punto de nacer», mientras que en otros se ve a un bebé llamado «Euskal Herría» («patria vasca» en euskera, la lengua vasca).

En los barrios periféricos, los carteles oficiales de otros candidatos a las elecciones regionales están medio arrancados, cruzados con pintura negra o recubiertos con cruces gamadas.

En Hernani, «los independentistas hacen la ley», dice José Morcillo. Su compañera de partido Inzasgun Gómez, concejal socialista en Pasaia, a algunos kilómetros de ahí, tuvo que cerrar su bar hace cerca de un año, tras el enésimo ataque con cócteles molotov: «Por diez veces, lo he reconstruido y repintado, pero esta vez he tenido que tirar la toalla», explica.

Los dos esperan que las elecciones llevarán al poder a los partidos no nacionalistas, de forma que el Partido Socialista aliado con el Partido Popular puedan relegar a la oposición al Partido Nacionalista Vasco (PNV), en el poder desde hace más de 20 años y al que acusan de laxitud ante esta «dictadura del miedo» impuesta por los independentistas.

«La región dispone de una fuerza policial vasca de 7.500 efectivos, la Ertzaintza, que se queja de no ser más activa contra los abusos de los independentistas», dice Morcillo, para quien el respeto a las libertades básicas de los ciudadanos es el primer paso hacia la desaparición de ETA.

En plena campaña electoral, ninguno de los nueve concejales de EH de Hernani (de 17 ediles) comentó la situación política en la localidad de Hernani.

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