Unos con la centroderecha y otros con la centroizquierda

Italia: los católicos serán los vencedores

Roma, AFP

 

Tanto la coalición de derecha, liderada por Silvio Berlusconi, como la de su adversario de izquierda, Francesco Rutelli, han solicitado el apoyo de los católicos durante la campaña electoral. La distribución más o menos equitativa de sus simpatizantes entre las dos coaliciones no suscita sorpresa en Italia desde las elecciones de 1994, cuando se presentaron y dividieron según los propios principios, intereses y promesas. Fundada en 1919 con el nombre de «Partido Popular», la Democracia Cristiana, que se desplomó tras la operación «manos limpias» a inicios de los años 90, era en realidad considerada como una federación de partidos.

Entre sus líderes había gente acusada de ser pro comunista, mientras otros aparecían abiertamente simpatizantes de la extrema derecha.

La necesidad de «contener el marxismo ateo» era uno de los principios evocados por los Papas y obispos italianos, sobre todo en los años sucesivos a la segunda guerra mundial y ante el crecimiento del partido comunista italiano, entonces considerado el más grande de occidente.

Hoy en día, cuatro partidos reivindican oficialmente la herencia de la Democracia Cristiana. Se trata del Centro Cristiano Democrático (CCD), de los Cristianos Democráticos Unidos (CDU), dos partidos nacidos de sectores de derecha y que ahora son aliados de Fuerza Italia, el partido de Berlusconi, quien a su vez seduce al electorado católico.

Dentro de El Olivo figuran el Partido Popular Italiano (PPI) y la Unión de los Democráticos para Europa (Udeur), que representan la sensibilidad demócrata cristiana por las ideas de izquierda, sin excluir a los Democráticos, partido fundado por Romano Prodi, el actual presidente de la Comisión Europea.

Los obispos italianos, que por años indicaban a su «rebaño» por quién votar, se vieron obligados a aceptar la evolución de la sociedad italiana, sobre todo desde que hace más de 20 años, un pontífice de nacionalidad polaca lidera la iglesia y sus intervenciones son limitadas en ese campo.

Sin embargo, el secretario de Estado vaticano, el cardenal Angelo Sodano y el presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Camillo Ruini, de Milán, no han dejado de influir y orientar a los italianos.

Ruini hizo un llamamiento para que los católicos voten por principios y no por partidos, mientras Sodano citó en Vaticano a los principales líderes políticos, oficialmente «para conocer sus programas», lo que fue mal interpretado por la opinión pública.

El programa del candidato ideal debe «respetar la vida desde su concepción», rechazar la clonación y la eutanasia, promover la familia tradicional, la igualdad entre la escuela pública y la privada católica, la integración «digna» de los inmigrantes, favorecer la lucha contra la criminalidad y la ilegalidad. Tales «directivas» abren la puerta a todos los partidos, incluso al del anciano Giulio Andreotti, padre histórico de la Democracia Cristiana, siete veces primer ministro, y figura apreciada en el Vaticano.

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