Berlusconi, el magnate, favorito para los comicios italianos

De constructor a político

Roma, AFP

 

Nacido el 29 de setiembre de 1936 en una familia acomodada de Milán, desde la adolescencia, en el colegio de los salesianos, mostró su vocación por los negocios.

Inteligente, perpicaz, con una gran idea de sí mismo –hay quienes lo acusan de un fuerte complejo de superioridad– su éxito estaba previsto por los astrólogos, según sostiene la revista que envió por correo a millones de italianos durante la campaña electoral, y que contiene su biografía oficial, bajo el título «Una historia italiana».

Animador de locales nocturnos en la balnearia Rímini, capaz de encantar grupos de turistas durante los cruceros, Berlusconi siempre ha contado con un grupo de amigos íntimos, como Fedele Confalonieri, a quien confió años más tarde las riendas de Mediaset, la poderosa empresa de televisión de su imperio industrial Fininvest, que comprende 500 sociedades, entre ellas la casa editorial Mondadori.

La fortuna del mayor contribuyente de Italia se calcula en 18 millardos de dólares.

Vendedor de aspiradoras a finales de los años 50, Silvio Berlusconi se graduó en 1961 en derecho y se dedicó al sector de la construcción, comenzando así una irresistible carrera, cuya fortuna siempre ha suscitado interrogantes, a los que nunca ha dado respuestas satisfactorias.

Tras la urbanización «Milano 1″, localizada cerca a Milán, construyó «Milano 2″, a finales de los años 60.

Al mismo tiempo inició a crear gradualmente su red de televisiones locales, que terminaron por convertirse en uno de los mayores grupos televisivos privados de Europa, Mediaset, que cuenta con tres canales de televisión en directa competencia con los tres estatales, con lo que se ganó el apodo de «Su Emitencia», un juego de palabras que combina eminencia con emisión.

Condecorado como «Caballero del Trabajo» a los 41 años, el «Caballero» Berlusconi formó parte de la logia masónica «Propaganda 2 (P2), una poderosa organización secreta involucrada en casi todos los escándalos político-financieros de Italia en los años 70.

En esos mismos años, Berlusconi conoció a Bettino Craxi, el dirigente socialista que en el decenio posterior llegó a convertirse en el omnipotente primer ministro, quien le ofreció su «protección» hasta su caída en 1993, cuando huyó de Italia azorado por la operación anticorrupción «Manos Limpias».

Sin su mentor, Berlusconi decidió lanzarse a la política y llegó a vencer las elecciones generales de 1994, mientras al mismo tiempo su club de fútbol Milán AC, comprado en 1986, hace una importante campaña de adquisiciones de jugadores.

En pocas semanas creó un partido, Forza Italia, compuesto en general por ejecutivos de Fininvest, que poco sabían de política. Se alió a los neofascistas del Movimiento Social Italiano, convertido en la nueva agrupación de derecha Alianza Nacional, liderada por Gianfranco Fini, y con la controvertida Liga Norte, de Umberto Bossi, con los que ganó las elecciones.

Tras su caída siete meses después de haber llegado al poder por el abandono de sus aliados de la Liga, el visceral anticomunista Silvio Berlusconi pasó al purgatorio de la política, su prestigio disminuye y llega a perder las elecciones de 1996.

Jefe de una oposición débil, se revitalizó gracias al ex comunista Massimo D’Alema, líder del mayor partido socialdemócrata de Italia, que en 1997 lo convirtió en su interlocutor privilegiado.

Hábil para presentarse como «víctima», siempre investigado por la Justicia por denuncias de corrupción, Berlusconi se fue construyendo con paciencia la imagen de un «presidente obrero».

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