Nueva estrategia militar de EEUU enfrenta a China
Ya en la última campaña electoral de las elecciones presidenciales, George W. Busch y también su rival, el candidato demócrata Gore, apostaron a unas fuerzas armadas que en «cualquier lugar y a cualquier hora estuvieran en condiciones de intervenir a favor de los intereses norteamericanos». Esta concepción expresa tajantemente el papel que los EEUU se autoadjudicaron y pretenden llevar a la práctica. En el gobierno hay, sin embargo, matices e inclusive contradicciones internas, como fue constatado en el incidente con el avión-espía.
Mientras el ministro de Relaciones, Collin Powell, procuraba que la Casa Blanca lamentara el incidente y se buscara una solución diplomática, el ministro de Defensa, Donald Rumsfeld, trataba de mantenerse «duro hasta el final», contando para ello con el apoyo del vicepresidente Dick Cheney. A observadores, que siguen atentamente los pasos del gobierno norteamericano, no les ha escapado que no sólo Powell sino también la consejera para seguridad Condoleezza Rice son más bien escépticos ante intervenciones militares.
Otro ejemplo: Collin Powell anunció en su primer contacto en calidad de ministro de Relaciones con la ONU, que estaba dispuesto a repensar responsablemente la estrategia frente a Irak, pero pocos días después de estas palabras, fueron lanzadas bombas sobre Bagdad. No se trata de este caso, de un juego con papeles destinados asignados, a uno u otro, afirman calificados observadores en la prensa americana. Hay disputas en el gabinete de Bush sobre la estrategia a aplicar en los puntos más importantes de la política exterior, que según la revista «New Republic» son Irak, los Balcanes y China.
Nuevo pensamiento geoestratégico
Donald Rumsfeld encargó a Andrew Marshall, un viejo estratega militar del pentágono, que estuvo al frente de su oficina de planeamiento y presupuesto, la elaboración de una nueva concepción geoestratégica, que implica profundas modificacioens técnicas del armamento de las fuerzas armadas. Marshall afirma que potencialmente los conflictos del siglo XXI se han trasladado a Asia, donde China y la India son los grandes adversarios, que «aparecen cada vez más claros en las pantallas de los radares americanos». En la época de la informática las guerras tienen lugar en el espacio y en Internet, afirmó Marshall. Esto determina que las fuerzas armadas deben ser en el futuro altamente móviles, menos pendientes de bases territoriales y hace que la aviación debe orientarse hacia bombarderos de la larga distancia, portadores de cohetes.
La defensa anticohete ha de ser desarrollada y la marina deberá concentrarse en la incorporación de submarinos y embarcaciones dotadas de cohetería de gran alcance. Marshall considera a los tanques del ejército y a los portaaviones como «trampas mortales» que deben ser desechados en el futuro inmediato.
Estas innovaciones cuestan mucho dinero y ya en el nuevo presupuesto 2001-02 de los EEUU se fijan aumentos de 4,7 por ciento, lo que equivale a más 310 mil millones de dólares. Los EEUU gastarán en el período señalado en armas más que los otros estados miembros de la OTAN, China y Rusia en conjunto.
«Duros y blandos» enfrentados
Las concepciones de Marshall y del ministro de Defensa Donald Rumsfeld chocan en varios planos con la opinión y los intereses de quienes, en el caso de China, consideran a este inmenso país como un mercado codiciado y abogan por la ampliación del comercio. En el lado opuesto están los duros, conocidos como «hardliner», que quisieran ir a un enfrentamiento duro y abierto con China.
Otro problema de no poca importancia y de difícil solución para el presidente Bush es la resistencia de los grandes empresarios que serán sin duda perjudicados cuando se aplique el plan del ministro Rumsfeld.
Ramas enteras de la industria de armas cesarán su producción, y eso provoca resistencia a nivel de militares ligados a estas empresas.
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