Histórica visita del Papa a una mezquita en Siria
Recibido por aplausos, el Sumo Pontífice, acompañado por el mufti de la República Siria, jeque Ahmed Kaftaro, entró en la mezquita de los Omeyas, una de las más veneradas del Islam.
Luego entró en un cuarto lateral, donde se descalzó y puso unas zapatillas antes de entrar en la sala de las plegarias.
Encorvado, avanzando lentamente apoyado en su bastón, se dirigió en compañía de los dignatarios musulmanes hacia la tumba de San Juan Bautista, uno de los discípulos de Jesús.
El Papa, que cumplirá 81 años el 18 de mayo, se inclinó con los ojos casi cerrados ante la tumba en la que se encuentran, según la tradición, las reliquias de San Juan Bautista, al que los musulmanes veneran como un profeta precursor del Islam, que llaman Yahya.
A continuación, el Papa regresó al patio y se colocó entre el mufti y el ministro de las Waqf (asuntos religiosos), Mohammad Zyada, donde leyó su discurso.
«Deseó con ardor que los responsables religiosos musulmanes y cristianos presenten a nuestras dos importantes comunidades religiosas como comunidades comprometidas en un diálogo respetuoso y nunca más como comunidades en conflicto», declaró ante una asamblea de dignatarios musulmanes y cristianos.
«Es capital enseñar a los jóvenes el camino del respeto y de la comprensión para que no hagan una utilización equivocada de la propia religión a fin de promover o justificar el odio y la violencia», agregó Juan Pablo II.
Luego instó a cristianos y musulmanes a otorgarse un perdón mutuo. «Cada vez que se ofenden los cristianos y los musulmanes unos a otros, necesitamos buscar el perdón que viene del Todopoderoso y ofrecernos mutuamente ese perdón», explicó.
Una asamblea de religiosos cristianos y musulmanes, así como representantes del gobierno, presenciaron la ceremonia, que se abrió con la lectura del Corán por un jeque, a la que siguieron los discursos de los ministros sirios y del mufti.
Zyada instó al Papa a «ser consciente de lo que están tramando contra nosotros (cristianos y musulmanes) los enemigos de Dios, los odiosos sionistas».
Antes de su histórica visita a la mezquita de los Omeyas, el Papa ofició una gran misa en el estadio de los Abassíes, en la que lanzó un llamado al entendimiento y al respeto entre musulmanes, cristianos y judíos. Pero sólo asistieron a la misa unas decenas de miles de personas, cuando los organizadores contaban con la presencia de medio millón de fieles.
Los patriarcas de todas las iglesias orientales, tanto católicas como ortodoxas, algunos de ellos procedentes de Líbano, Irak, Egipto y Jerusalén, asisitieron a la misa, con excepción del patriarca maronita libanés, el cardenal Nasralá Sfeir.
Compartí tu opinión con toda la comunidad