Opinión Internacional

La guerra de las galaxias

Por Niko Schvartz

 

Dicho tratado incluye normas precisas para evitar la proliferación de todo el complejo coheteril de largo alcance en el espacio, la tierra y el mar. Por ende, la denuncia del tratado por Bush otorga vía libre a la producción e instalación de estos complejos armamentísticos, lo que engendrará intelectualmente el despliegue de la carrera armamentista en su máximo nivel a lo extenso del planeta.

 

Impulso a la carrera armamentista

Por lo pronto, los primeros planteos de EEUU mencionan la instalación de plataformas de lanzamiento en Gran Bretaña y Groenlandia.

En el anterior mundo bipolar, el tratado de 1972 fue un elemento sustancial para la coexistencia pacífica de los dos sistemas antagónicos, perseguida tenazmente por los gobiernos soviéticos. Marcó una tendencia a la reducción del nivel de confrontación armada, lo cual fructificó posteriormente en la reducción efectiva de arsenales nucleares. El mundo, y particularmente los europeos, vieron con alivio que misiles de alcance corto y medio eran transformados en chatarra. Esto no eran declaraciones, sucedió efectivamente. Se firmaron y aplicaron sucesivos tratados Start de reducción de armas estratégicas. A comienzos de 1990, con Gorbachov en la dirección, la coexistencia pacífica parecía afirmada, Reagan habría sido llevado de la nariz a sentarse a la mesa de negociaciones a pesar del Pentágono y el complejo militar-industrial, y se revirtió el signo de la espiral armamentista, que venía creciendo durante la guerra fría.

Después, todo cambió. La Unión Soviética se vino abajo, y en el mundo unipolar se afianzó la tendencia de EEUU a hacer prevalecer su superioridad militar en todas partes. Esa tendencia se expresó, después de la invasión a Panamá, en la guerra del Golfo, luego en la guerra de Kosovo, los sucesivos bombardeos a Irak, el veto a la creación de una fuerza de paz en torno a los territorios palestinos. Ahora Bush se lanza a sacar de la troya el Tratado de 1972 y reactivar la guerra de las galaxias. Es una inflexión regresiva del curso de la política internacional, preñado de gravísimas consecuencias.

 

Prepotencia yanki y genuflexión otaniana

El nuevo curso no es meramente defensivo, como se pretende, sino ofensivo, ya que, sintiéndose al abrigo de todo ataque exterior, se acentuará en Estados Unidos (el único país que ha lanzado la bomba atómica) la tendencia a agredir a cualquier nación que enfrente sus planes de dominio. Y se excavará aun más el abismo entre las potencias nucleares (casualmente las únicas con derecho a veto en el Consejo de Seguridad) y todas las demás.

Apenás asumió, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, declaró que no se trata de saber si el proyecto se realizará, sino de cuándo y cómo. Para ello no consultó a nadie. Ahora, ex posfacto, se limita a comunicar sus decisiones a los aliados que lleva a la rastra, como se demostró en Kosovo. El secretario general de la OTAN, George Robertson, saludó «la preocupación de Bush por los nuevos desafíos en materia de seguridad». Aun más explícito fue el apoyo del canciller Robin Cook, para vergüenza del gobierno laborista de Tony Blair, incondicional adláter de los yankis, bajo cuyo mando bombardeó Kosovo y sigue hoy bombardeando Irak, Joschka Fischer, ministro de Exteriores de Gerhard Schröder (vergüenza para verdes y para socialdemócratas) dio la medida de la genuflexión al afirmar: «Aunque estuviéramos en contra, aunque todos los países estuvieran en contra, Estados Unidos podría decidir en virtud de su fuerza».

Con toda sensatez, Rusia señala que «si EEUU abandona el tratado de 1972 reducirá a cero todo el sistema actual de seguridad», y China –amenazada por la venta de armamento sofisticado de EEUU a TAiwan– agrega que el proyecto yanki «no sólo va a reactivar la carrera de armamentos y crear una proliferación de armas de destrucción masiva, sino también amenazar la paz y la seguridad mundial en el siglo XXI».

Las reales amenazas a la seguridad de EEUU no provienen de estados demonizados como Irak o Norcorea, sino de los asesinos de Oklahoma, de los niños que matan en los colegios, de las fuerzas represivas que masacran negros en Cincinatti, de las mafias que asesinaron a Kennedy y tienen impunidad asegurada hasta el juicio final.

 

La danza de los millones

Bush actúa para mayor gloria del complejo-militar industrial, como lo denominó en su hora el general Eisenhower, que de esto algo sabía.

Estallan eufóricas declaraciones en el sentido de que el proyecto «abre grandes perspectivas para las empresas norteamericanas que operan en el sector defensa». Desde que Reagan se encauzó en esta dirección, las empresas armamentistas embolsaron más de 57 mil millones de dólares por el National Missile Defense System, y facturarán 50 mil millones más hasta su completa realización. Otros cálculos elevan este último guarismo al doble.

Una bicoca. Poco importa que el desempleo alcance cifras récord y se recorten los sistemas de seguridad social y de salud. El plan está en marcha y nada lo detendrá. Rumsfeld ya elevó al Congreso el pedido de incrementar el presupuesto de Defensa en 25 mil millones de dólares, con una parte destinada al sistema antimisiles. En diciembre pasado la Boeing Space and Communications, especializada en satélites militares, firmó acuerdos con el pentágono por 6 mil millones de dólares, a lo que se sumaron sendos contratos de la TRW de Cleveland, la Raytheron y otros. El pentágono urgió a concretar los proyectos para el 2003, o sea que correrá paralelo al ALCA.

 

EEUU perdió la banca

En este cuadro, el hecho de que EEUU haya perdido la banca que detentaba desde 1947 en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU después de haber forzado el voto infame contra Cuba «es una clara expresión del rechazo de la comunidad internacional a la actitud prepotente y a los métodos coercitivos y violatorios del derecho internacional que EEUU ha entronizado en Ginebra», como se ha señalado.

En efecto: en todos los temas, así se trate de su rechazo al protocolo de Kyoto sobre contaminación ambiental, al tratado que prohibió las minas antipersonales o al mayor acceso a las medicinas antisida, EEUU se colocó al margen de la comunidad y de la ley internacional, como lo hace ahora al relanzar la guerra de las galaxias.

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