La moda del "body modification"

Nueva York, ANSA

 

El laboratorio está ubicado en East Village, el barrio neo-bohemio de Manhattan donde hasta ayer era dominado por los «punk»: ahora, pululan diablos con cuernos y hombres-luciérnaga que son el testimonio de un nuevo fenómeno que sepultó la «tendencia» del pasado al tatuaje extremo y el body-piercing. Lo nuevo (llamado «body modification») es una radical aproximación a cambiar el propio cuerpo con la inserción bajo la piel de esferas-joyas y objetos varios de acero inoxidable o de teflón. Los costos de esta nueva moda varían de 300 a 600 dólares, según la complejidad del procedimiento, más o menos parecido a una intervención quirúrgica ambulatoria.

«La moda del piercing fue superada, la nueva moda es la ‘body modification’ en la que se experimenta con la única cosa que verdaderamente nos pertenece, el propio cuerpo», dijo Keith Alexander, un miembro de la organización Association of Professional Piercers. Los implantes bajo la piel sirven para crear una variedad de «looks»: desde las esferas de pequeñas dimensiones insertadas en el tórax hasta un par de cuernos en la frente.

El procedimiento es simple pero a menudo riesgoso: las esferas de acero –objetos más utilizados pero también se pueden ver estrellas, anillos o corazones– se insertan en la piel mediante un corte superficial de la misma que es inmediatamente cosido, siempre y cuando todo haya salido bien.

Para Steve Hawort, el inventor de los implantes en «3d Art», –precisó la revista Body Modification Enzine– la «body modification» vale cualquier riesgo porque es una novedosa forma de hacer arte. Y es precisamente él quien sugiere cómo hacer crecer un par de cuernos en la frente: «Si parte de pequeños implantes y, cuando cicatrizan, se retiran para insertar uno más grande hasta alcanzar la dimensión buscada». Otro fanático de la «body mod» es Eric Sprague, laureado en Filosofía de Nueva York, quien llevó a los extremos su deseo de alejarse de la raza humana para asemejarse a un reptil: se tatuó el rostro con un diseño de escamas, se afiló las uñas y las garras, se limó los dientes en punta y, sobre cada ojo, se insertó cinco pequeños implantes para recrear un temible «efecto cresta».

El «hombre luciérnaga», que abandonó Sócrates por el Jim Rose Circus, se cortó la lengua en dos partes para alcanzar el objetivo: «ahora tengo dos lenguas», contó satisfecho desde el sitio en Internet ‘bmeworld.com’.

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