En Berlín, cuando el Ejército Rojo ocupó la capital del Reich
2 de mayo de 1945
Al cabo de poco más de una semana de asedio, la capital de Alemania cayó en manos de las tropas soviéticas. El sueño hitleriano de un imperio nazi mundial concluye así trágicamente con un costo aún incalculabre en vidas humanas y en devastación.
La elegante Berlín exhibe hoy un panorama desolador. Por doquier se alzan columnas de humo entre los escombros y los edificios semiderruidos. Es una ciudad fantasma abandonada por la mayoría de sus habitantes y cuya defensa fue confiada a 500 mil soldados que se vieron impotentes para detener la avasallante ofensiva de dos millones y medio de efectivos soviéticos. Estos, con el apoyo de 40 mil piezas de artillería, siete mil quinientos aviones de combate Mig y más de seis mil tanques y vehículos blindados, llevaron adelante un avance arrollador que terminó en pocos días con la resistenica nazi.
Desde que en febrero de 1943 la decisiva batalla de Stalingrado marcó el comienzo de la contraofensiva soviética, el Ejército Rojo fue avanzando incontenible hacia el Oeste al tiempo que las tropas nazis se batían en retirada del frente ruso y sufrían reveses importantes en los otros frentes de guerra.
Todos los edificios públicos están ocupados por soldados rusos que han izado banderas rojas con la hoz y el martillo en remplazo de los símbolos nazialemanes, el águila y la cruz gamada. En la Puerta de Brandenburgo –que muestra infinidad de impactos de bala– así como en el Reichstag (sede del Parlamento) flamean banderas soviéticas. Adolf Hitler no ha sido hallado aún a pesar de que tropas rusas revisaron minuciosamente el búnker construido en la Cancillería donde el fürher se había refugiado desde enero. Circulan rumores de que se habría suicidado ayer ante la inminencia de la caída de la ciudad, y de que su cadáver –junto al de Eva Braun– habría sido incinerado.
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