Otras voces en Quebec

Más aún: por una parte el fast track está vidrioso, por la inclusión (o no) de cláusulas laborales y medioambientales, a pesar de que el doctor Jorge Batlle exhorta a hacer lobby, adarga al brazo, ante los congresistas demócratas; y por otra, aparece en el horizonte la perspectiva de que en diversos países la decisión final sea adoptada por la ciudadanía mediante un referéndum. O sea que esta plaga no es inevitable, habrá mucho que conversar (y actuar) al respecto.

Los plazos

El ALCA es la traducción de la Iniciativa para las Américas lanzada por Bush padre a comienzos de los 90, inscrita en el plan hegemónico mundial de Estados Unidos que reduce a América Latina a la condición de su patrio trasero, zona exclusiva de inversión de sus capitales y de colocación de sus productos (reduciendo el peso competitivo de los otros centros de poder mundial, sobre todo la Unión Europea y Japón), a la vez que dificulta el acceso de los productos de la región a su mercado mediante la interposición de trabas paraarancelarias, principalmente. Es algo así como la aplicación de la doctrina Monroe al terreno del intercambio comercial.

El tema se abordó en la primera Cumbre, celebrada en Miami en 1994, también bajo la batuta de Estados Unidos. Para dorar la píldora, allí se asumieron compromisos respecto a la reducción de la pobreza. Los resultados están a la vista. La pobreza ha crecido hasta abarcar al 44% de los latinoamericanos, o sea 224 millones de personas, de los cuales 90 millones son indigentes. No obstante lo cual en todas las reuniones se le da manija al tema. Ahora mismo se realiza en Washington la reunión conjunta del FMI y el Banco Mundial, y hemos visto una vez más a James Wolfensohn, titular del BM, declarar en tono compungido que la pobreza es el problema más acuciante, cuando su máximo generador es precisamente la política aplicada por estos organismos.

En Quebec, Bush desplegó la ofensiva para anticipar la entrada en vigencia del ALCA al 2003, pero fracasó. La principal oposición provino del Brasil, y no sólo en este aspecto. FH Cardoso rechazó la aceleración del ritmo sosteniendo que antes se requiere que EEUU asuma el compromiso de reducir los subsidios a la agricultura y abandonar las medidas proteccionistas a sus productos. La reunión de Quebec estuvo precedida de varios encuentros de agrupamientos subregionales del tipo del Pacto Andino, Grupo de los 3, Mercosur, donde se mencionó la conveniencia de fortalecer los acuerdos de cooperación ya existentes para negociar en forma coordinada con los Estados Unidos. La comunidad andina, por ejemplo, acordó soluciones alternativas a la lucha contra el narcotráfico.

El referéndum

El presidente venezolano Hugo Chávez fue más lejos, declarando que no podía asumir ningún compromiso sobre los plazos de entrada en vigencia, e incluso sobre el acuerdo mismo, sin una consulta previa a su pueblo. Estaba aludiendo inequívocamente al mecanismo del referéndum, que se barajó intensamente en las instancias de discusión del ALCA.

Como se informó ampliamente, la Cumbre estuvo rodeada por manifestaciones multitudinarias y combativas de opositores al ALCA (lo mismo que las reuniones de análogo contenido efectuadas en Seattle, Praga, Washington y otras), que enfrentaron con decisión las brutales medidas represivas y forzaron el «muro de la vergüenza» en varias instancias. Simultáneamente, se reunía en Quebec la Cumbre de los Pueblos de las Américas, con participación de organizaciones sindicales, populares, del medio ambiente, de mujeres, de DDHH, de indígenas, campesinos, estudiantes y grupos ecuménicos, que en su declaración, bajo el título: «Otra América es posible», exigieron «mecanismos democráticos para la adopción de cualquier posible acuerdo, lo que incluye su ratificación por referéndum».

Es lo que sucedió en Europa, por otra parte. Allí el mecanismo integracionista, desde el acuerdo inicial sobre el carbón y el acero (Plan Schuman) hasta la Comunidad Económica y la Unión Europea, llevó más de 40 años. Muchos países lo ratificaron (o no) mediante plebiscito. Por ejemplo, en Noruega la integración a la CEE fue rechazada en un plebiscito en 1972.

El capital extranjero

El documento de la Cumbre de los Pueblos señala que «el ALCA es un estatuto de derechos y libertades para los inversionistas (…), que socava la soberanía de los Estados». Mientras se desarrollaba la reunión de Quebec LA REPUBLICA reveló, citando un documento del Claes, que se tramitaba en la trastienda un acuerdo que otorgaba plenos poderes a las inversiones extranjeras y a las empresas extranjeras, las cuales podrían demandar a los Estados en caso de expropiaciones o nacionalizaciones, al tiempo que se suprimía todo control y reglamentación sobre las inversiones extranjeras en un país dado. Se fijaba además un mecanismo de arbitraje similar al del Nafta, en virtud del cual, para citar un ejemplo, México debió pagar 16,7 millones de dólares a la California Metalclad Corp. por una controversia sobre una planta de tratamiento de residuos tóxicos en San Luis Potosí.

Se anotó con razón que esta disposición sobre la inversión extranjera era idéntica a la incluida en el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI). Dicho acuerdo fracasó por la resistencia mundial (y la acción de gobiernos como el de Jospin); ahora se la hace colar de rondón en el ALCA.

La deuda externa

En suma, el ALCA procura reforzar todos los rasgos de la política neoliberal, que en dos décadas ha hecho de América Latina la zona de mayor desigualdad social del mundo, y que agravó hasta lo indecible el problema de su deuda externa. Esta ascendía en 1985 a 300 mil millones de dólares, y hoy se eleva a 792 mil millones. Como servicio de esa deuda, sólo en el período entre 1992 y 1999 se entregaron 913 mil millones de dólares. O sea que la deuda se pagó con creces y a la vez su monto se multiplicó por 2,64. Esto es lo que hay que cambiar, mientras el ALCA aprieta más el nudo de la dependencia externa.

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