Con la paciencia como arma, cocaleros del Chapare vuelven a desafiar al presidente

La pelea entre Banzer y los campesinos se da en las rutas

Inmediatamente otros grupos de campesinos y campesinas colocan piedras y «miguelitos» (dos clavos entrelazados, que pinchan los neumáticos) para bloquear el camino e impedir el paso de centenares de camiones que transportan combustibles, productos agrícolas y maderas.

Con estas tácticas los campesinos cocaleros de la región del Chapare (centro) mantienen desde el miércoles bloqueado el paso por la vital carretera, pese a los repetidos esfuerzos del gobierno, que ha enviado efectivos del ejército y la policía para levantar los bloqueos, una tarea tan esforzada como inútil, pues una vez que los uniformados levantan las barricadas en un punto de la vía, los campesinos montan otro bloqueo en otro punto.

«Nos vamos a mantener aquí, hasta que el gobierno nos escuche y acceda a nuestras peticiones», dice la campesina Teófila Mayo, una de las más activas en la colocación de los óbstaculos para detener el tránsito.

La carretera sale de Cochabamba (400 km al este de La Paz), atravesando una serie de áridas montañas y luego va descendiendo hacia los fértiles valles de la región del Chapare, que se convirtieron en los años ochenta en el epicentro del cultivo de hoja de coca destinada al narcotráfico.

El gobierno asegura que en la zona ha logrado erradicar 38.000 hectáreas del cultivo, en la aplicación del denominado Plan Dignidad, que contó con el apoyo financiero de organismos internacionales.

A cambio ofreció implementar en la zona cultivos alternativos, como la piña, los cítricos y el palmito, que permitieran a los campesinos generar ingresos.

Pero los cocaleros se quejan y dicen que ninguno de los programas establecidos por el gobierno es rentable.

Según una consulta realizada entre los campesinos por el Centro de Estudios y Documentación Bolivia (Cedib), los ingresos que percibían las familias de la zona han caído desde un máximo de 11.000 dólares anuales, que percibían antes del inicio de los planes de erradicación en 1998, a unos 1.000 dólares.

«Somos pobres y nos quieren hacer cada vez más pobres», argumenta Mayo.

Ya los campesinos cocaleros habían intentando en setiembre del año pasado conseguir que el gobierno de Hugo Banzer diera marcha atrás en su política de erradicación, con bloqueos similares a los que se sumaron otros movimientos campesinos.

Pero el gobierno logró desmontar la protesta tras negociar un acuerdo con estos últimos movimientos, dirigidos por el líder indígena, Felipe Quispe, a quien entregó auxilios y ayudas.

Ahora, mientras gritan «Fuera Banzer», los campesinos han vuelto a colocar las piedras y los árboles sobre la carretera, aunque han evitado enfrentarse a las tropas del ejército y la policía.

«Estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para lograr la normalización» dice el comandante de la séptima división, general Rommy Ramírez.

En efecto, el viernes y el sábado en la mañana, dos grupos de unos 80 camiones lograron recorrer la carretera, rodeados de un amplio convoy militar, pero una vez que pasaron estos vehículos los campesinos volvieron a colocar barricadas en unos seis puntos de la vía. A pesar de una negativa inicial a tratar el tema de la erradicación de la coca, el gobierno de Banzer ha aceptado reunirse en La Paz con «todos los sectores» que adelantan una ola de protestas, que la próxima semana amenaza con paralizar el país.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje