Matrimonio y guerra
Su ausencia de las peligrosas calles de Gaza y su distancia de los hospitales donde por miles se presentan los heridos de la rebelión fue advertida hace tiempo, pero el hecho ya no sorprende a nadie.
La señora Arafat, en una entrevista concedida a la revista árabe-londinense Saidati –relanzada ayer por el diario israelí Yediot Ahronot–, confirmó que llegó a un acuerdo con el presidente palestino en el sentido de que es preferible, por el momento, que permanezca en el exterior con su pequeña hija Zahwa.
Ya en el parto de la pequeña, Suha había irritado a los palestinos prefiriendo una clínica de París a cualquier otro hospital de los Territorios. La única hija de Arafat «nació en el exilio», una decisión que mucha gente en los territorios no le ha perdonado.
En la entrevista la «primera dama» criticó también la intención de reabrir dentro de poco el Casino Oasis de Jericó, un lugar que no le gusta «porque allí hay juegos de azar y se bebe alcohol».
Las declaraciones seguramente no le agradarán al entorno más riguroso de Arafat que se queda, según informes de la prensa, con conspicuas ganancias del casino.
Desde París, donde reside desde hace más de un año, la señora Arafat evoca el comportamiento «equivocado» de dirigentes palestinos, una velada alusión a las acusaciones de corrupción lanzadas por exponentes de la izquierda palestina en relación con algunos ministros de la Autoridad Nacional palestina.
En la entrevista revela además que su marido le reprochará ser «demasiado extremista en relación con Israel», como durante la célebre visita a Ramallah (Cisjordania) de Hillary Clinton, cuando Suha Arafat acusó a Israel de haber envenenado el agua de los palestinos para difundir enfermedades.
La primera dama norteamericana, acusada de no haber protestado en el lugar por esas acusaciones, fue obligada a explicar que había sido engañada por una traducción confusa del texto árabe original. Independiente, burguesa, emancipada y de extracción cristiana –aunque convertida al Islam y protagonista de un breve peregrinaje a La Meca–, a Suha-Therese Tawil no le gusta demasiado su pueblo.
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