Taiwan compra armas a EEUU

El presidente norteamericano George W. Bush aprobó la mayor venta masiva de armamentos a Taiwan de los últimos diez años, pero no aceptó los pedidos de Taipei sobre el sistema antimisiles más moderno de la marina norteamericana.

Bush apunta con esta decisión de sustancial compromiso, a satisfacer las exigencias «legítimas» de defensa de Taiwan –dijo la Casa Blanca–, sin irritar demasiado a China, que amenaza con reaccionar no sólo con protestas sino también con represalias.

En el fondo de las tensiones entre Washington y Pekín, por otra parte, no hay factores contingentes, sino el desafío de Estados Unidos hacia el crecimiento militar de una superpotencia alternativa, mientras la ex superpotencia Rusia aparece progresivamente marginal en los juegos diplomáticos de Estados Unidos.

El presidente norteamericano trató, también esta vez, como lo hizo en la reciente crisis del avión espía, de salvaguardar las relaciones entre Washington y Pekín. Había ya explicado al vicepremier chino Qian Qichen, al recibirlo en la Casa Blanca, que Estados Unidos respetaría los compromisos con Taiwan sin violar los que tiene con China.

Los norteamericanos ceden a los taiwaneses cuatro cazatorpederos de la clase Kidd (modernos pero no de última generación, como aquellos con sistema de radar de combate Aegis que Taiwan quería), ocho submarinos diésel construidos en Europa, una docena de aviones anti-sub P-3 Orion y, además, falsos blancos, helicópteros anti-minas y artillería semimóvil.

Los norteamericanos están dispuestos a darle a Taiwan informaciones sobre el sistema de defensa antimisiles Pac-3, que Taipei deseaba adquirir pronto, pero que Estados Unidos no está por ahora dispuesto a vender.

Oficialmente, los especialistas del Pentágono juzgan que las fuerzas armadas de la isla-Estado no están en condiciones de utilizar el sistema, dejando abierta la posibilidad de proporcionárselo, en un segundo tiempo, si la amenaza militar de Pekín persiste.

Frente a Taiwan, a 200 kilómetros de las costas chinas, China habría alineado por lo menos 300 misiles de corto radio.

Al tomar una decisión de esta naturaleza, Bush respetó el parecer unánime de sus consejeros para la seguridad nacional, los secretarios de Estado, Colin Powell y de Defensa Donald Rumsfeld y la consejera de Seguridad nacional, Condoleezza Rice.

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