Cuba festeja con expectativas por Fidel y reformas de Raúl aunque sin Chávez
Raúl Castro pronunciará el discurso del acto del 26 de julio, Día de la Rebeldía Nacional, que comenzará a las 07H30 locales (11H30 GMT) en esta histórica ciudad, 280 km al este de La Habana, donde reposan los restos del guerrillero argentino Ernesto Che Guevara.
Raúl, que relevó a su hermano Fidel Castro en julio de 2006, debe responder a demandas de cambios con medidas que serán analizadas por el Parlamento el 1 de agosto, y abordar el plano político, que en lo internacional está centrado ahora en su decisión de excarcelar a 52 opositores.
Chávez, quien tenía previsto llegar a La Habana la noche del domingo, anunció en Caracas la suspensión de su viaje debido a que dijo contar con «información de inteligencia» que sugiere el peligro de una «agresión» a Venezuela desde Colombia.
El mandatario venezolano rompió relaciones con Colombia el jueves, luego que Bogotá denunciara ante la OEA la presencia de guerrilleros colombianos en territorio de Venezuela.
Aunque Raúl encabezará el acto, Fidel salió el sábado vistiendo camisa verde olivo a un acto en las afueras de La Habana, lo cual alimentó la incógnita sobre si asistirá al festejo de los 57 años del asalto al Cuartel Moncada, primera acción armada de la revolución que triunfó el 1 de enero de 1959.
Cuatro años después de ceder el mando por una crisis de salud que estalló justo en la fiesta del 26 de julio, Castro, que en tres semanas cumple 84 años, hizo este mes cinco visitas públicas y dio una entrevista de televisión, en los que lució más ágil y con fluidez al hablar.
«Me gustaría verlo en Santa Clara, pero no sé si tiene salud para eso», dudó María Del Jesús, administradora de 42 años. «Lo veo con energía, pero volver a su cargo, no lo creo. Ya es un hombre muy mayor», dijo Pablo García, empleado de una cafetería, de 40 años.
Aunque retirado del gobierno, Fidel conserva el poderoso cargo de primer secretario del Partido Comunista. Muchos cubanos y analistas ven en su intensa actividad un aval a la liberación de presos políticos, pero también una influencia en la lentitud de los «cambios estructurales» que anunció Raúl.
«Dijo que cambiarían algunas cosas y nada todavía. Hay que subir los salarios -de 20 dólares en promedio-, que no alcanzan para nada, y crear una cultura de trabajo», dijo Julio González, vendedor y ex militar de 70 años.
A los cubanos los agobia la escasez de alimentos y el alto costo de la vida, pese a la canasta básica subsidiada y a la educación y la salud gratuitas; mientras el Gobierno, en crisis de liquidez, recorta gastos mientras busca pagar deudas y aumentar la producción.
Aunque Raúl Castro eliminó el igualitarismo salarial, persiste la burocracia, el desestímulo, el arrastre del paternalismo estatal, el desorden y la corrupción.
Un millón de empleos sobran en una fuerza laboral de cinco millones y el país importa 1.500 millones de dólares en alimentos, pese a que el Gobierno dio en usufructo un millón de hectáreas de tierras ociosas.
En una economía 95% del Estado, economistas afines y opositores creen que Raúl debe abrirse a la iniciativa privada, permitiendo pequeños negocios y cooperativas urbanas en bienes y servicios, como hizo con las peluquerías.
«Mi hijo quedó desempleado y está en la casa haciendo papas rellenas para vender. Esperamos que Raúl anuncie que podemos poner un negocio para ganarnos la vida», afirmó Alicia Pérez, ex enfermera de 72 años.
La economía puede caer en el «estancamiento o recesión» sino acelera los cambios y «estimula la productividad y los ingresos», advirtió el economista Pavel Vidal.
Raúl Castro, de 79 años, sostiene que la isla comunista debe «actualizar» sin prisas su modelo económico, sin «recetas» del capitalismo.
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