En Estados Unidos se impone la "Jackiemanía"

Una gran muestra en el Metropolitan Museum de Nueva York, cuatro libros e incluso una línea de cosméticos, inspirado el conjunto en la figura de la ex primera dama Jacqueline Kennedy, marcan la consagración en Estados Unidos de lo que comienza a llamarse la «Jackie-manía».

El país entero redescubre el estilo de esta mujer que, hace 40 años, fue símbolo del optimismo progresista con que su marido, el asesinado presidente John Kennedy, se transformó en primer magistrado de Estados Unidos.

«Llevó un toque de estilo a la Casa Blanca y el ‘buen gusto’ de improviso, simplemente, se transformó en buen gusto», dijo de ella su amiga Diana Vreeland, gurú de la elegancia y ex directora de Vogue.

La fastuosa muestra del Metropolitan, abierta al gran público desde el 1º de mayo pero inaugurada hoy con una cena de gala a la que asistieron Hillary Clinton y Laura Bush, traduce este concepto en 80 «trajes de estado», es decir, los elementos clave del guardarropas que usó Jackie Kennedy en los años en que vivió en la Casa Blanca.

La muestra del MET olvida por completo a Jackie O, la viuda del presidente que usaba anteojos de sol y sandalias después de su matrimonio con el millonario griego Aristóteles Onassis.

En las salas del museo norteamericano reconstruido a imagen y semejanza de la Casa Blanca de entonces se respira un aire de libro de historia.

«Para mi madre, la moda era apenas el comienzo. Su sentido del estilo interpretaba valores norteamericanos que con mi padre exportaron a todo el mundo», le rindió homenaje a la ex primera dama su hija Caroline Kennedy Schlossberg.

«Fue Jackie misma quien los definió ‘vestidos de estado’, que traduce sus instintos de elegancia en una eficaz arma política», explicó el curador Hamish Bowles, un periodista de Vogue que durante un semestre se puso a estudiar los guardarropas de la ex primera dama.

Al principio no fue fácil: durante la campaña presidencial de 1960, el diario Women’s Wear Daily descubrió que Jackie y su suegra Rose Kennedy dejaban 30 mil dólares por año en los bolsillos de los modistos parisienses.

Luego fue Pat, la mujer del rival republicano de Kennedy, Richard Nixon, quien la atacó con una defensa a capa y espada de los estilistas norteamericanos. Y David Dubinsky, el jefe del sindicato del vestido, quien protestó con JFK electo presidente.

La señora Kennedy muy a su pesar tuvo que plegarse: abandonó a su adorado Givenchy para tomar en su lugar al franco-ruso-norteamericano Oleg Cassini.

Cassini realizó el milagro: el aspecto de la joven primera dama era parisiense pero el traje «made in USA». Y el efecto resultó verdaderamente formidable, desde Washington a la India, del Vaticano a América Latina.

Pero no es sólo la muestra del MET que, siete años después de su muerte, hizo redescubrir a Estados Unidos el estilo y el culto de Jackie.

Además del catálogo del MET, tres libros entre los cuales uno de fotografías y recuerdos («Happy Days»), de su hermana Lee Radzwill resucitaron la herencia del buen gusto de la ex primera dama.

En honor de Jackie está por debutar la nueva línea de cosméticos Camelot Collection: la creó el mago del maquillaje Darac, después de haber estudiado a fondo los archivos de la Kennedy Library.

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