"El destino de Rusia" y las reservas petrolíferas
Putin lo dice con total claridad: «la supervivencia o muerte de Rusia está siendo decidida actualmente en el Cáucaso Norte». Con el lenguaje que siempre usaron los gobernantes de la Gran Rusia, el número uno del Kremlin habla de «haber concluido con éxito la operación para liberar a Grozny… pero Rusia no se sentirá completamente segura hasta que esa madriguera del terrorismo internacional sea liquidada». Con otras palabras, habrá más guerra, más destrucción y muertes. Ante este enfoque nacionalista, no desligado de las elecciones del 26 de marzo, sólo cabe subrayar que no hay justificación política ni moral para esta guerra y Rusia debería volver a buscar el diálogo político en Chechenia, poniendo fin a las acciones armadas.
Además de las relaciones complejas entre el gobierno central de Moscú y los estados independientes en la región del mar Caspio, allí se entrecruzan los intereses de Rusia, los Estados Unidos, de Europa, Turquía, la India, etcétera. Washington declaró esta zona de «interés vital» y no caben dudas que aquí aparecen intereses estratégicos de los países de la región y adyacencias ligados a los riquísimos yacimientos de petróleo y gas subterráneo. Según cálculos, en la región del Golfo de Persia, el mar Caspio y Asia Central se encuentra el 75 por ciento de las reservas mundiales de petróleo y el 33 por ciento de gas. Es sabido que los más grandes consorcios energéticos de los EEUU participan activamente en la explotación de estos yacimientos, al punto que se encuentra en elaboración el trazado de una tubería de petróleo desde Bakú a través de Armenia o Georgia hasta el puerto turco de Ceyhan en el mar Mediterráneo. A eso se agrega que Azerbaiján accedió a que la OTAN instale bases militares en su territorio.
Nada de eso es ignorado por Putin, que si bien se cuida de mencionar los yacimientos energéticos, dice con todas las letras que «ellos (los separatistas) quieren separar el Transcáucaso de Rusia y cerrar las rutas hacia Asia Central». Lejos están los tiempos en que se hablaba en Moscú de la «casa común europea». Cuando la OTAN se expande hacie el Este, y hace unos meses se formó una alianza entre Georgia, Ucrania, Uzbekistán, Moldavia y Azerbaiján, declarándose dispuestos a una colaboración «a bajo nivel» con la OTAN, son otras las consignas vigentes.
Putin expuso hace poco su doctrina de seguridad, elevando el presupuesto de defensa en más del 50 por ciento, haciendo hincapié en los aresenales de bombas nucleares.
¿Se avecina una nueva carrera armamentista entre las dos ex superpotencias? Si así fuera, sería muy grave no sólo para la Federación Rusa, sino para la paz mundial. Por eso se impone una mayor atención de la opinión pública a la situación en Chechenia, que puede convertirse en un peligroso foco bélico, más allá del área del Cáucaso.
Por otro lado, llama la atención que las posiciones chovinistas de gran potencia expresadas por Putin, particularmente en relación a la guerra en Chechenia, encuentran apoyo en el presidente del Partido Comunista de la Federación Rusa y candidato a la presidencia, Guennadi Ziuganov.
En reciente declaración dijo el líder de los comunistas que «Rusia tiene que restaurar todos los aspectos de su seguridad nacional, en lo geoestratégico, militar, demográfico, histórico, cultural e informativo».
Ziuganov se refiere en estos términos a la popularidad de Putin: «En realidad el prestigio de Putin está creciendo a expensas de los valientes soldados que forman parte de la operación antiterrorista de Chechenia, que es esencial para que la ley rusa sea respetada allí».
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