Autoridades mexicanas conmovidas por crimen en Tijuana

Jefe de policía acribillado

Desconocidos que ocupaban tres automóviles rociaron con balas de armas automáticas el vehículo en el que viajaba el domingo el a la vez secretario de Seguridad Pública de Tijuana, Alfredo de la Torre, por una autopista de la ciudad.

Las autoridades de la ciudad fronteriza no habían hecho hasta el lunes arresto alguno vinculado con el sangriento caso.

El asesinato ocurrió dos días después de que el presidente Ernesto Zedillo visitó la cercana ciudad de Mexicali, la capital del estado de Baja California, para ratificar la firmeza de la lucha contra el crimen organizado.

«Tenemos que hacerles entender a esos criminales que Baja California no puede ser su casa, que el único lugar que merecen son las cárceles», dijo el viernes el mandatario en un discurso.

La prensa informó ayer que han habido más de 80 asesinatos en Tijuana en lo que va del año y más de 100 en Baja California, que tiene una población de 2,3 millones de personas.

«Parece ser que ante los pronunciamientos claros y contundentes del presidente de la República, (el crimen del jefe de Policía) pudiera ser una respuesta (…) Esto es, de cualquier manera, un hecho muy grave, muy lamentable», afirmó ayer el gobernador de Baja California, Alejandro González, a la televisora TV Azteca.

El asesinato del alto funcionario ocurrió también en medio del furor nacional que causaron la semana pasada los comentarios del embajador de Estados Unidos, Jeffrey Davidow, quien comparó el poder de los narcotraficantes en México con el terror de la Mafia en Sicilia.

El crimen de De la Torre «es una macabra rúbrica de la rebatida afirmación de Davidow», dijo el columnista Roberto Zamarripa en el diario capitalino Reforma.

Aunque no hubo indicación inmediata alguna de que el asesinato del jefe policial estuviera relacionado con el tráfico de drogas, éste ocurrió en un momento delicado para el país.

México y otras naciones se enterarán mañana si Estados Unidos les otorgó la llamada «certificación» como un aliado en la guerra contra las drogas.

Tijuana es la base del cartel de la droga de los hermanos Arellano Félix. Decenas de oficiales antidrogas mexicanos han muerto en la guerra contra el clan, considerado como uno de los más sanguinarios en América Latina.

Uno de los hermanos Arellano Félix, Ramón Eduardo, figura en la lista de los 10 hombres más buscados de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos.

En 1994, otro jefe de la policía de Tijuana, Federico Benítez, fue muerto a balazos en la misma área de Tijuana, junto con su guardia personal. Ese asesinato fue vinculado al crimen organizado pero sigue sin resolverse.

Informes en los periódicos mexicanos dijeron ayer que las autoridades de Tijuana estaban investigando si el asesinato de De la Torre tenía nexos con las bandas de «coyotes», como se conoce a los contrabandistas de emigrantes ilegales que cruzan la frontera hacia Estados Unidos.

El periódico El Universal dijo ayer en la capital que el gobierno federal estaba preparando una operación contra el crimen organizado en Tijuana esta semana y que tenía 200 agentes en el área, listos para el dispositivo.

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