La horma del zapato chino
Niko Schvarz
Visiblemente la potencia imperial no se resigna, respecto al país más poblado del planeta, a que haya dejado de regir lo de «prohibida la entrada a los perros y a los chinos», y añora los buenos viejos tiempos de la piadosa reina Victoria que abrió los puertos de china a cañonazos para imponerle el consumo obligatorio de opio.
La soberbia derrotada
Desde la primera hora del incidente del 1º de abril, Bush conjugó el verbo de la soberbia y la prepotencia. Pero tuvo que bajar el copete.
Los aparatos de publicidad del imperio se lanzaron sincronizadamente a la tarea de enmarañar la cuestión en aspectos semánticos y de traducción de términos. Los diarios se llenaron de doctas columnas idiomáticas, algo así como cursos breves de lengua china, para tratar de borrar lo que a esa altura resultaba evidente: que no habría solución hasta que no se presentara un pedido de excusas formal. Es lo que sucedió con la carta del embajador norteamericano en Beijing, Joseph Prueher, a nombre de su gobierno, fechada el 11 de abril. Analistas desde Washington coinciden en que «la carta cumple con los requisitos impuestos por el gobierno de Jiang Zemin» y agregan. «En suma, el gobierno de Bush cedió sin más a las exigencias del gobierno chino». Por partida doble, agregamos nosotros, ya que las expresiones de excusa se reiteran.
(Sobre el aspecto del lenguaje, cabe señalar que un informativista del telemundo vernáculo habló el martes 10 del secuestrado avión norteamericano…)
Pero no se trata de una simple cuestión formal. En su trasfondo anida el tema de la defensa de la soberanía por parte de una nación que se niega a dejarse avasallar por las maniobras agresivas que los yankis perpetran en todas las regiones del mundo.
Defensa de la soberanía
El avión-espía supersofisticado EP-3 (construido a un costo de 38 millones de dólares por una industria armamentista beneficiada al extremo en el presupuesto de Bush) volaba en el linde del espacio aéreo chino y dos cazas chinos se colocaron a sus costados. El EP-3 efectuó un brusco viraje colisionando con su trompa al caza que volaba a su derecha. El aparato se precipitó al mar, su piloto se eyectó en paracaídas y está desaparecido. El gobierno de EEUU es responsable de esta muerte. El avión, en misión de espionaje, aterrizó en un aeropuerto de la isla china de Hainan sin pedir permiso. Todos estos extremos han sido comprobados, por más que se procure entreverar las cartas mediante la ofensiva publicitaria.
En primer lugar, la misión del EP-3 era comprobadamente de espionaje, en una zona estratégica particularmente sensible, a proximidad de Taiwan. La industria armamentista de EEUU vendió misiles de última generación por 600 millones de dólares al gobierno de Taiwan, la isla donde se refugiaron los huestes derrotadas de Chiang Kai-shek ante el triunfo de la gran revolución china de 1949, y siguen allí gracias al sostén de EEUU. Este montó sus bases en dicha isla, conformando un sistema con las que mantiene en Japón y en Corea del Sur. China reivindica su soberanía sobre ese territorio, del mismo modo que logró la devolución de Hong Kong (por parte de Inglaterra) y de Macao (por parte de Portugal).
La asesora de seguridad Condoleezza Rice dijo provocativamente que estos vuelos de reconocimiento (eufemismo por espionaje) no cesarán. El secretario de la Defensa, Donald Rumsfeld, argumentó que el avión volaba en el espacio aéreo internacional, y que no había razón para renunciar a estos procedimientos. Ambos se saltean nada menos que el hecho de que el aparato yanki irrumpió en territorio chino, y aterrizó en un aeropuerto chino sin autorización. Pero hay una cuestión adicional: ¿qué sucedería si aviones de espionaje chinos se dedicaran a recoger información militar a poco más de 12 millas de las costas de Estados Unidos? Porque debe saberse que China como muchos otros países, reivindica su soberanía hasta las 200 millas de sus costas, mientras los Estados Unidos sólo reconocen las 12 millas para todas las naciones… menos para ellos mismos, ya que hacen imperar a su respecto las 200 millas, no permitiendo la entrada de naves y aviones de guerra extranjeros dentro de ese límite.
La política de chantaje
Quien subió la apuesta en las últimas horas fue el presidente Bush en persona. Mordiendo el freno, dijo que «China estaba desafiando (challenging) los planes de EEUU». Voceros de la Casa Blanca proclamaron en seguida que «Bush endureció el tono y no habrá concesiones a China en otros asuntos».
Impúdicamente se estaba aludiendo al ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio. Como siempre, y más aún desde que asumió Bush, EEUU actúa como si fuera el dueño del mundo. En este caso, como si tuviera en sus manos la llave de la OMC, donde hasta ahora, por su influencia preponderante, se ha bloqueado sin razón valedera el ingreso de un país de 1.300 millones de habitantes.
En última instancia, este chantaje ostensible está destinado a mejorar la situación del gobierno de EEUU en las negociaciones con China, el 18 de abril.
Hacia el 18 de abril
El presidente Jiang Zemin dijo durante su reunión con Fidel Castro en La Habana, en cuyo transcurso se reafirmó la amistad y cooperación entre ambos países socialistas, que Estados Unidos debe poner fin a sus misiones de espionaje contra China. No hay que olvidar su contexto. Durante la guerra de Kosovo, EEUU arrasó la embajada china en Belgrado matando a tres personas, y pidió disculpas un año después. En febrero pasado el submarino yanki Greene hundió a un barco japonés cerca de Hawaii y mató a nueve estudiantes, mientras soldados yankis de la base de Okinawa cometieron toda clase de depredaciones contra la población civil.
EEUU planteará la devolución del EP-3, a pesar de que Rumsfeld declaró que los aparatos fueron destruidos antes de que el avión aterrizara. Al respecto se recordó un antecedente: en 1976 un piloto soviético desertó a Japón con un Mig-25, el cual fue rigurosamente desguazado por técnicos de EEUU y devuelto a los 76 días. Ahora que encontró la horma de su zapato, quizá EEUU deba armarse de paciencia.
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