EEUU y China bajan el tono de áspera disputa
Washington, ANSA
Hay por primera vez una esperanza concreta de resolver el incidente del domingo en los cielos del Mar de China meridional, cuando un avión espía norteamericano EP-3E colisionó contra un caza F-8 chino, que cayó y cuyo piloto es dado por muerto.
El EP-3E aterrizó en emergencia en la isla de Hainan, China, donde el avión y la tripulación, 21 hombres y 3 mujeres, todos indemnes, están detenidos.
Después de haber utilizado expresiones duras, el presidente George W. Bush adecuó el lenguaje a la diplomacia del Departamento de Estado, expresó que «lamentaba» lo ocurrido con el piloto del caza, dijo que las relaciones con China son «muy importantes» para Estados Unidos y afirmó que el incidente «no debería desestabilizar las relaciones».
El presidente no pronunció palabras de disculpas, como piden los chinos, pero no responde a la pregunta en el sentido de si excluye completamente las excusas.
El objetivo de Bush y de la diplomacia norteamericana está claro: lograr que vuelvan a casa los tripulantes del avión-espía que serían, a estas horas, sometidos a interrogatorios de parte de los chinos –nada cierto se ha filtrado sobre este punto–.
El presidente pidió a Pekín «que actuara rápidamente» y no habló más del avión, un cofre de aparatos electrónicos y secretos de software que la tripulación ha logrado casi destruir, como lo exigen las consignas, antes de «descender en territorio hostil».
En el frente diplomático fue un día convulsionado y casi todos fueron contactos secretos.
Diplomáticos norteamericanos y chinos están «muy comprometidos» en las negociaciones, dijeron y repitieron los portavoces de la Casa Blanca y del Departamento de Estado.
Los protagonistas de las tratativas se sienten «alentados» mientras hasta el miércoles se declaraban frustrados».
EL miércoles, el presidente Bush habló dos veces con el secretario de Estado, Colin Powell, y hacia la medianoche con la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice.
Powell, que hoy cumple 64 años, pasó la noche sin dormir: «Estamos trabajando duro, está ocurriendo un montón de cosas», contó. El miércoles, Powell había recibido al embajador de Pekín en Estados Unidos, Yang Jiechi, y le entregó una carta para el vicepremier chino Qian Qichen: en ella está el lamento norteamericano por la pérdida del piloto chino y el pedido de mantener el diálogo, pero no hay disculpas, ni explicaciones de lo operado por el avión-espía norteamericano.
A la madrugada, Powell estaba ya en pie, en contacto con los diplomáticos norteamericanos chinos.
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