La crisis con China divide a los republicanos de Bush

Los halcones y las palomas

Nueva York, ANSA

 

Para Bush, subrayan hoy los comentaristas, superar la primera pulseada con China representa un primer banco de pruebas en el frente internacional y los resultados deberán verse antes del 24 de abril, fecha en la que se espera la llegada de una delegación militar de Taiwan a la que Washington deberá dar una respuesta definitiva sobre una controvertida provisión de armas.

Controvertida porque China ve en ello un peligroso incentivo para la independencia de la isla considerada como provincia rebelde.

Para los especialistas, esta provisión, apoyada en una carta a Bush por más de 80 miembros del Congreso el martes, a la luz de la cuestión del avión que aterrizó en Hainán después de una colisión con un caza de la República Popular, es la verdadera razón por la que Pekín está llevando el incidente a sus límites extremos.

La actitud de la contraparte demuestra sólo que «China es un competidor económico y militar», dijo el senador republicano Richard Shelby, presidente de la comisión de Inteligencia del Senado, responsable de una política de distancia de Pekín y de la lógica en favor de China, sostenida por la comunidad económica y por la anterior administración de Bill Clinton.

El senador Gary Bauer se alineó con los halcones republicanos apoyados por los militares y convencidos de que, para contrastar las tendencias expansionistas chinas se los debe tratar con dureza.

Bauer es el rival electoral de Bush, para quien China es el tema sobre el que «existe la mayor división entre bases y sectores dirigentes del partido».

Esta división debe preocupar, según el ex funcionario de los servicios Wayne Madsen, porque la situación que se creó como consecuencia del incidente en Washington y en Pekín es «por muchos motivos especular».

En China, por ejemplo, no son los halcones los responsables de la línea dura defendida por los militares, contra los más moderados apoyados por la comunidad económica con desesperada necesidad de inversiones extranjeras.

Los halcones de Washington, sin embargo, proponen la línea dura incluso en el frente económico y ya manifestaron su intención de rever en el Congreso la situación comercial de China.

En línea con la política Clinton, en 2000, el Congreso había concedido el estatus de socio privilegiado a China abriéndole el camino de acceso a la Organización Mundial para el Intercambio, que sin embargo Pekín postergó.

Washington tiene de este modo en su mano la posibilidad de reconsiderar ese estatus privilegiado y podría cerrarle a Pekín el acceso a la Organización Mundial para el Intercambio.

Ello sin embargo sólo podría terminar complicando las relaciones bilaterales ya complejas por otros incidentes, mientras las empresas norteamericanas tienen necesidad del mercado chino.

Para Bush además el problema de la base del partido en favor de la línea dura va más allá de la dimensión diplomática e internacional.

De la actitud solidaria del partido republicano depende el éxito del controvertido y gran plan de recortes fiscales que es eje de la política económica de la administración Bush.

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