Inician juicio por crímenes en dictadura
Los acusados por las desapariciones del historietista Héctor Oesterheld, creador de «El eternauta», del escritor Haroldo Conti y el cineasta Raymundo Gleizer comenzaban a ser juzgados ayer por los crímenes cometidos en un centro de torturas de la dictadura argentina (1976-83).
Dos militares y cinco agentes penitenciarios se sentarán en el banquillo de los acusados por 156 casos de secuestros y torturas en el centro clandestino de detención de ‘El Vesubio’, por donde pasaron 2.500 opositores, la mayoría desaparecidos. El juicio por el caso de El Vesubio, un campo de concentración que estaba situado cerca del Aeropuerto Internacional de Ezeiza, es el cuarto que se está celebrando por delitos de lesa humanidad en la zona metropolitana de la capital argentina. Oesterheld, quien alcanzó fama internacional con el comic ‘El eternauta’, que comenzó a publicarse en 1957, y fue creador de personajes como Sargento Kirk y Bull Rocket, fue secuestrado en 1977, igual que sus cuatro hijas, convirtiéndose en uno de los casos más impactantes del terrorismo de Estado. Otro de los intelectuales que pasaron por El Vesubio fue el escritor Haroldo Conti, cuyo libro más conocido, «Mascaró, el cazador americano», ganó varios premios, incluido el de Casa de las Américas (Cuba). El documentalista Raymundo Gleizer, secuestrado en 1976, filmó entre otros el corto «Ni olvido ni perdón» sobre la matanza de 19 presos políticos que intentaron fugarse de un penal del sur del país en 1972, en la dictadura de Alejandro Lanusse (1970-1973), un caso que también se está ventilando en un juicio. Uno de los responsables de la denominada «Masacre de Trelew», el teniente retirado del Ejército Roberto Bravo, fue detenido en los últimos días en Miami, donde reside desde 1977.
El juicio por los crímenes en El Vesubio es el cuarto que se sustancia en forma simultánea en el área metropolitana, de unos 13 millones de habitantes, incluido el que se realiza por los crímenes cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), el más emblemático campo de torturas de la dictadura, donde fueron alojadas unas 5.000 personas, la mayoría desaparecidas.
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