"No podemos trabajar bajo los dictados del Kremlin"

Moscú, AFP

 

«No podemos trabajar bajo los dictados del Kremlin»: en la sala de redacción de la cadena televisiva NTV, que ayer martes pasó bajo control del gigante enérgetico Gazprom, en manos del Estado ruso, los periodistas se mostraban abatidos e indignados por la pérdida de su independencia.

Con el rostro enrojecido por los nervios o la emoción, el director general de NTV, Evgueni Kiselev, que fundó el canal en 1993 después de haber abandonado la ex televisión soviética, está rodeado por unos veinte periodistas que abarrotan el despacho y discuten la actitud que debe ser adoptada.

Algunos sentados, otros de pie, esconden a duras penas su nerviosismo. Los teléfonos celulares no paran de sonar, llamadas de colegas o amigos preocupados, y muchos de los periodistas no aciertan todavía a hacer comentarios sobre lo ocurrido.

«Es como cuando se pierde a un ser querido, no se pregunta uno lo que va a hacer después», explica Elizaveta Listova, una joven periodista que redacta un artículo que será difundido en el telediario vespertino sobre la toma de control de la cadena por parte de Gazprom.

Alim Lusupov, un joven reportero acostumbrado a los pasillos de la Duma (Cámara baja del Parlamento ruso) y a las conferencias de prensa del Kremlin, totalmente abatido y casi incapaz de hablar, asegura sin embargo que la toma de control de NTV era «algo esperado desde hace tiempo» por los periodistas del canal.

«Hemos decidido no rendirnos, vamos a luchar», afirma por su parte Andrei Rabotnov, otro periodista. «No tenemos más recursos que la opinión pública», añade.

«La gente va a dejar la cadena, no podremos trabajar bajo los dictados del Kremlin», asegura, aunque reconoce que «quienes tienen que alimentar a sus familias se verán obligados a quedarse».

«Muchos de nosotros no podremos trabajar con los ‘invasores'», dice por su lado una de las presentadoras del noticiero, Marianna Maximovskaya.»Voy a abandonar NTV con Evgueni Kiselev», sentencia la periodista, que confiesa que siente un «gran dolor por la compañía en la que trabajó desde que fue fundada».

«Pero estamos unidos, vamos a intentar salir de ésta», aunque al parecer no está demasiado convencida de ello.

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