Orden de detención de Milosevic es el epílogo de una guerra sucia
Por Guillermo Israel
Hasta aquí los hechos, verdaderamente graves y bochornosos, que se alinean perfectamente en las acciones bélicas a las cuales fuera sometida Yugoslavia por la acción militar de la NATO. ¿Nos encontramos ante el epílogo de un atropello enmascarado con una presunta defensa de los derechos humanos de un Tribunal de Crímenes de Guerra de la ONU, que durante 78 días cerró los ojos ante los tremendos bombardeos de las fuerzas armadas, precisamente de la ONU, en 1999? No se trata, de ninguna manera, de una defensa de Milosevic y de otros, caso de Franjo Tudjman, que contribuyeron con su acentuado nacionalismo a la destrucción de su patria. ¿O se ha olvidado que ambos tuvieron apoyo en Francia, Alemania y los EEUU? Yugoslavia reunía las condiciones para convertirse en el factor dominante en la región balcánica, en parte, seguramente, por la influencia de la época de Tito. Milosevic pudo estabilizar su poder político, contó en lo interno con el apoyo de la iglesia ortodoxa de Serbia, en lo exterior se redujo la ayuda a los grupos de la oposición democrática.
Yugoslavia resistió ser socio de la Unión Europea y menos aún de la NATO, acentuando su política independiente de los bloques. Es absolutamente cierto: Milosevic violaba derechos humanos y perseguía a la oposición, pero no era un régimen comparable con dictaduras clásicas, a punto que la oposición pudo ganar las elecciones comunales en Belgrado, editaba diarios y tenía emisoras radiales. El gobierno no quiso o no pudo reprimir manifestaciones masivas. Es importante consignar eso: comparado con situaciones en Afganistán y Libia, la situación yugoslava era más bien moderada. Sin embargo los medios de occidente desarrollaron una campaña, de manera que la opinión pública tuviera la sensación de que se trataba del régimen dictatorial más sangriento contra el cual se justificaría una acción militar, tal como sucedió en 1999.
No es éste el lugar para desarrollar en detalle esta campaña, pero las mentiras sobre ejecuciones masivas en Kosovo, por ejemplo, nunca tuvieron lugar y formaron parte de la preparación de la opinión pública mundial para justificar la agresión militar. El régimen de Milosevic debía ser mostrado como criminal, para justificar la acción militar, que se desencadenó más tarde. La desmedida exageración al referirse a la situación en Kosovo, plagada de falsificaciones y manipulaciones, tuvieron como meta lograr el acuerdo y el consentimiento de la opinión pública mundial para la agresión bélica, violatoria del derecho internacional, subraya Gregor Gysi, diputado del Partido del Socialismo Democrático de Alemania. «En toda guerra, lo primero que se muere es la verdad», resume Gysi.
Yugoslavia debía ser sometida con armas mortíferas a la voluntad de quienes tienen el mando económico y político en Europa y el mundo, para sanear la situación balcánica.
Lo que acontece estos días en Belgrado con Slobodan Milosevic, parece ser el epílogo de esta bochornosa guerra de la NATO.
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