OPINION INTERNACIONAL

MANDELA, EL PRESO Nº 46664

Ante todo, mi homenaje a dos actores espléndidos: el negro Morgan Freeman, en una caracterización notable que capta la profundidad del personaje, sus ideas, su firmeza conceptual, su valentía cuando de principios se trata, unido a su humanismo y trato cordial (ya lo habíamos admirado antes en otra película como manager de una boxeadora que en muchos aspectos se parecía a Chris Namús); y Matt Damon, en el papel todavía más difícil de François, el capitán del equipo de rugby, en su lento y difícil proceso de toma de conciencia. Sus reflexiones en la cárcel donde había estado recluido Mandela y ante la lectura de su poema son puntos altos de la obra.

Luchador contra el apartheid y la terrible discriminación racial que imperó durante décadas en Sudáfrica, y que se expresó en masacres como la de Soweto que horrorizaron al mundo, Mandela estuvo encarcelado durante 27 años, primero en Robben Island y luego en Pollsmoor. Era el preso número 466 del año 1964, por eso llevaba el número 46664, como le explica el guía de la prisión a un conmovido François. Ello nos trae el recuerdo de prisiones célebres, como la de Peniche donde estuvo recluido por muchos años (y se escapó) el portugués Álvaro Cunhal, y otras muy cerca de nosotros que precisamente en estos días se mencionan. Mandela declaró ante los jueces: «Siempre he atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que las personas puedan vivir juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el que he vivido. Es un ideal para el que espero vivir, y si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir». Es como el alegato de «La historia me absolverá» de Fidel Castro. En 1985 el gobierno sudafricano, jaqueado por una campaña mundial impresionante, le ofreció la libertad bajo ciertas condiciones. Cuenta uno de sus biógrafos: «Entonces Mandela ­a través de una carta que leyó su hija Zini- esgrimió de nuevo su esencia incorruptible. Rechazó dejar las rejas, hasta que toda la población negra alcanzara sus derechos».

Esto le valió cinco años más de cárcel. En el año 1988 en el estadio Wembley de Londres se celebró su 70º cumpleaños ante decenas de miles de espectadores y fue presenciado por millones de personas en el mundo entero. «Te saludamos, Nelson Mandela. Y queremos verte a ti y a los otros prisioneros políticos en libertad», cantó con fuerte voz Harry Belafonte.

Salió finalmente en libertad el 2 de febrero de 1990. Acaban de cumplirse 30 años, y a ello obedece también la buena inspiración de Clint Eastwood. El resto de la historia es más conocido, incluso para las jóvenes generaciones. En 1994 fue elegido presidente por una mayoría abrumadora. La noticia conmovió al mundo. De la cárcel a la presidencia, por la voluntad del pueblo. Gobernó hasta 1999. Desplegó una campaña persistente por la reconciliación nacional. Movido no solamente por un sentimiento humano que le era consustancial, sino además por clarividencia política. No todos lo comprendieron en el primer momento. Él explicó la necesidad de evitar una masacre: «Si no, la única sangre que correría sería del hombre negro», señaló. En la película este aspecto está expuesto en toda su sutileza, con sus contradicciones y dificultades de adaptación y comprensión. Puso en juego en esta prueba de fuego todo su talento y perspicacia política, y triunfó.

La calidad de la realización merece resaltarse. No es un panfleto ni un manifiesto de buenas intenciones. El rugby no es un pretexto ni un tema discursivo. Está tomado en su esencia agresiva y peleadora, de confrontación brutal, expresada en la danza guerrera de los indígenas mahoríes del equipo de Nueva Zelanda (que curiosamente se llama All Blacks, aunque todos son blancos, incluso el gigante de 120 kilos que es contrarrestado en la final a fuerza de coraje y decisión). En otro plano, el aprendizaje de este deporte a los niños negros a cargo del equipo de los Springbrooks permite ver la realidad filmada in situ de la miseria extrema de las poblaciones periféricas.

En síntesis, estamos ante una mirada desde un ángulo particular para recrear ante nuestros ojos a una de las figuras históricas de Sudáfrica que hoy es un guía espiritual y contribuye a la campaña contra el sida, y que fue factor decisivo para terminar con el régimen oprobioso del apartheid. Por ello se constituyó en uno de los hacedores de la historia en los finales del turbulento siglo XX.

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