Visión. Ex enviado de EEUU a Haití ahora es experto en reconstrucción, pero privado

Lo que necesita Haití visto desde EEUU

Incluso antes del devastador terremoto del 12 de enero, Haití era un país tan pobre y vulnerable que el término «reconstrucción» ya era considerado muy optimista por los expertos.

La pequeña nación caribeña ya dependía de la ayuda externa para alimentar a su población de casi 10 millones, la mitad de ellos analfabetos y unos cinco millones de menores de 18 años.

El terremoto de magnitud 7.0 del 12 de enero no sólo mató a más de 200.000 personas y destruyó su inadecuada infraestructura, también dejó al desnudo lo que un experto llamó la «ficción», que es el gobierno haitiano.

El Estado no provee servicios básicos como agua potable, energía, seguridad y Haití es el único país de las Américas que no le ofrece enseñanza primaria gratuita a la mayoría de sus niños.

Antes del terremoto, soldados de la fuerza de estabilización de la ONU y donantes extranjeros ayudaban a gerenciar el Estado, sosteniendo una «cuidadosamente elaborada ficción de que el gobierno haitiano estaba al mando», dijo Daniel Erikson, especialista en Haití en el centro Diálogo Interamericano con sede en Washington.

«Ahora es imposible mantener esa ficción», dijo Erikson a la AFP. «Haití permanecerá en un estado extremadamente precario durante la mayor parte de este siglo, como lo estuvo en el siglo pasado».

Dadas las necesidades urgentes de Haití, que incluyen hacerse cargo de un millón de personas que perdió su hogar por el sismo, pocas personas hablan en la actualidad de planes de desarrollo a largo plazo.

Pero entre tanta evaluación negativa, los expertos en Washington vislumbran medidas específicas que se pueden tomar para asistir al país una vez que la fase de emergencia quede atrás e incluso ven razones para esperanzarse.

El ex enviado de Estados Unidos a Haití, James Dobbins, dijo que el país tiene fortalezas intrínsecas como un fuerte sentido de identidad nacional, una cultura vibrante y no sufre de divisiones sectarias o religiosas.

Haití está ubicado «en medio de una zona de paz y relativa prosperidad. Todos sus vecinos son mucho más ricos y ninguno está interesado en desestabilizarlo o inhibir su crecimiento», dijo Dobbins en un testimonio ante el Congreso a fines de enero.

Dobbins, ahora especialista en reconstrucción en la Corporación Rand, advirtió sin embargo que la primera medida debe ser asegurar la paz y pidió a la ONU que mantenga sus fuerzas en Haití por otros 10 años.

Expertos extranjeros colaboran en el entrenamiento de la policía haitiana, la única fuerza de seguridad en el país tras la eliminación del ejército en 1995 por su crónica intervención en la política.

Dobbins dijo que los donantes que ayudan en la reconstrucción deben exigir además que cambie la forma en que es gerenciada la infraestructura haitiana.

Haití podría, al igual que su vecino República Dominicana, crear una economía basada en la agricultura, la manufactura y el turismo, opinó Johanna Mendelson Forman, del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington.

«Esto incluye descentralización, construcción de nueva infraestructura (…) y una rededicación a la agricultura para que los haitianos produzcan sus alimentos», dijo en una entrevista en el sitio de Internet del centro.

Erikson dijo que Washington puede ayudar a crear acuerdos de comercio favorables para Haití. Pero cree que el gobierno haitiano no puede y que la comunidad internacional no quiere elaborar planes a largo plazo en este momento.

Dobbins pidió que Estados Unidos acepte más inmigrantes haitianos, cuyas remesas son vitales y evitan que se utilice más dinero de los contribuyentes estadounidenses.

Los tres advierten de que se debe actuar con cuidado también para evitar algo que se ha reiterado: la fatiga de los donantes. En tanto, en junio comenzará una nueva temporada de huracanes, los que en 2008 dejaron en Haití 800 muertos y millones de dólares en daños.

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