Josef Stalin salvó el alfabeto cirílico
Moscú, ANSA
Eliminar la selva de signos alfabéticos, traídos de Bizancio por los monjes Cirilo y Metodio casi 1.000 años atrás, era un muro que separaba al pueblo soviético del resto del proletariado mundial.
Prohibir el alfabeto cirílico (el usado en Rusia y otras lenguas) e introducir en Rusia el latino: fue esta la orden dada en los años 20 por el comisario del pueblo para la instrucción, Anatoli Lunaciarski.
El diario ruso Nezavisimaia Gazeta reconstruye hoy las peripecias del alfabeto cirílico luego de la Revolución de octubre de 1917 y revela que fue el propio georgiano Josef Stalin quien salvó las cartas que Pushkin y Tolstoi usaban para componer sus obras.
Bajo la autoridad de los zares, las letras del alfabeto ruso eran al menos 37: 24 tomadas del alfabeto griego, más 13 diseñadas por los dos monjes para reproducir sonidos existentes en la lengua hablada de los eslavos –y no en la de Platón y Aristóteles–, más algunos signos existentes en algunas áreas. La lengua rusa era una orquesta consonántica, un paraíso expresivo para los poetas y escritores, pero poco maniobrable para las exigencias de la naciente vida moderna. Poco después de la revolución, los bolcheviques abolieron cuatro letras y las pocas otras que podían ser usadas a discreción por el escribiente.
El alfabeto fue acotado a 33 signos, todavía «muchos» a juicio de Lenin y de Lunacharski.
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