Escrito por: Niko Schvarz |

En Chile se plantea al conjunto de los sectores de izquierda y centroizquierda, democráticos y progresistas, unificar todas sus fuerzas, sin excepción, para recuperar el gobierno y evitar el retorno al pinochetismo descarnado. A este tema dedicamos tres notas los días 19, 20 y 21 (“Un retroceso en América Latina”, “La sombra del pinochetismo” y “La unidad de la izquierda chilena”).
Hoy queremos concentrarnos en las nuevas perspectivas abiertas para Bolivia a partir de la asunción de su segundo mandato por Evo Morales los días 21 en la ciudad sagrada de Tiwanacu y 22 en La Paz. Lo haremos de la mano de un reportaje publicado en La Prensa al vicepresidente Alvaro García Linera, de notable valor político y cultural, que comienza por reseñar los avances del primer gobierno del MAS.
Estos son de considerable magnitud, y se valorizan vistos en perspectiva. “El primero señala es la extraordinaria descolonización de los sistemas político y estatal con el ascenso del presidente Evo y la presencia de indígenas en el Estado. Antes los indígenas eran ciudadanos de segunda categoría, marginados del sistema de toma de decisiones, cuando son mayoría en nuestro país. Esto marca un proceso de quiebre con toda la historia política y estatal boliviana. Es el proceso revolucionario más importante desde la fundación de Bolivia, porque la mayoría social deviene en presencia y mayoría política”.
El segundo logro “es el entierro del Estado neoliberal y patrimonialista del poder con la construcción de un nuevo Estado y gobierno que tienen como núcleos articuladores a los movimientos sociales, lo que habla de un proceso de radicalización de la democracia. Avanzamos hacia un Estado de carácter integral, como diría Gramsci. Y la concreción en una nueva Constitución de este nuevo bloque de poder, de estas nuevas estructuras de alianzas, que pasa a convertirse en un hecho constitucional e institucional”.
Todo esto se refleja en la economía. Se ha construido una economía muy estable, lo que no sólo tiene que ver con la mejora de los precios internacionales, sino que por primera vez hay superávit, se triplicaron las exportaciones, se comienza a diversificar la estructura productiva y a mejorar la distribución de la riqueza. La de Bolivia es la economía de mayor crecimiento en el continente. Se recuperaron los recursos naturales: el gas y el petróleo, las telecomunicaciones y se apunta a la electricidad, lo que permite pasar “de un nivel de subordinación a uno de soberanía”. Se consolida el Estado como la locomotora de la economía nacional, pasando de generar el 13% del PBI al 31%, siendo la meta el 35%.
El otro paso es impulsar los demás sectores: el privado y, lo más novedoso, las micro, pequeñas y medianas empresas, que ocupan el 80% de la actividad laboral, mediante líneas de crédito con interés 0 del Banco de Desarrollo Productivo. A la vez, los beneficios sociales, como los Bonos Juanito Pinto y Juana Azurduy son parte de la formación económica de la sociedad y se vuelcan al mercado interno, responsable de la mitad del crecimiento económico del año pasado, que alcanzó el 6,5%.
Lo que está al orden del día inmediato es promover un gran salto económico para industrializar los recursos naturales y así generar más excedente y potenciar el Estado. En concreto: industrializar el litio y el hierro, convertir al país en una potencia energética hidráulica (represa de El Bala), desarrollar el proceso de industrialización por vía de la gran empresa, la micro y pequeña empresa y la actividad comunitaria campesina. En otro plano, el objetivo es la universalización de los derechos humanos y de los servicios básicos, mediante el acceso universal al agua potable, la electricidad, el alcantarillado, las telecomunicaciones, la salud, la educación, el fortalecimiento del sistema de los bonos.
Todo ello en el marco de la plurinacionalidad, que es la igualdad de derechos de los pueblos y culturas del país en los marcos de una sola identidad nacional boliviana. Dice García Linera: “Somos una nación de naciones. La plurinacionalidad es el reconocimiento de los derechos colectivos de mestizos, aymaras, quechuas, guaraníes; de su idioma, tradición y culturas”, para desterrar lo que ha sido a través de los siglos “un etnocidio permanente”.
En el último tramo, el vicepresidente reelecto aborda los problemas internos del MAS, la necesidad de abrir las puertas a nuevos sectores y clases sociales, de incorporar y articular la participación de clases medias y de segmentos de clases altas locales y regionales, para ampliar la base del proceso de cambios. Destaca asimismo la proyección mundial de las posiciones sustentadas por Evo Morales en diversos ámbitos sobre los temas del medio ambiente, siempre en defensa de la vida y la naturaleza. “Eso el presidente Evo lo lleva en persona, lo explica, y seduce en el ámbito internacional”, concluye.
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