OPINION INTERNACIONAL

PATETICO RECONOCIMIENTO

El artículo comienza en estos términos : «Si miramos el mapa del mundo, encontraremos asesinatos y atentados con bombas sobre todo en países islámicos. En Palestina, Irak, Somalia, Pakistan y Afganistán, vemos derramamientos de sangre, muerte, ataques a la infraestructura y destrucción de edificios. Vemos facciones rivales acusándose mutuamente de apostasía, con unos grupos lanzando fatwas contra otros y excluyéndolos de la comunidad musulmana y del paraíso.

«¿Qué ha pasado con la nación del Islam? ¿Qué ha pasado con las leyes de la Sharia que exigen la amistad, la fraternidad, la unidad y la paz? ¿Qué ha pasado con la máxima que dice que los fieles constituyen una única hermandad?»

Luego el articulista pregunta: ¿Porqué el resto del mundo se ocupa de la industria, la construcción, la producción, la creatividad, la invención y los descubrimientos mientras la nación del Islam está inmersa en la hostilidad, las divisiones, las luchas intestinas y las acusaciones mutuas de apostasía? Las noticias procedentes de países islámicos siempre encabezan los boletines de la televisión y las portadas de la prensa. Y tratan sobre todo de muertes violentas, de cráneos aplastados, de niños que quedan huérfanos y de mujeres que quedan viudas, de edificios destruidos, de puentes volados, de ciudades incendiadas, de desarrollo económico detenido, y de la obstrucción del conocimiento y el desarrollo».

«¿Dónde están los clérigos, los estadistas, los sabios y los intelectuales? ¿Hasta cuándo continuarán estas masacres? ¿Cuándo terminará esa saga satánica cargada de odio? ¿Cuándo recuperaremos la sensatez y obedeceremos a las sagradas del Corán y a la Sunna del Profeta que reclaman compasión, seguridad, concordia y el rechazo a las divisiones, al odio y a las luchas intestinas? ¿Es que esos asesinos de inocentes, civiles desarmados y niños en las ciudades del Islam no tienen vergüenza? ¿No tenemos suficiente pobreza, desempleo e injusticia en los países islámicos para que nuevas sectas agreguen nuevas calamidades a las que ya tenemos? (…) Cada parte hace sus preparativos, construye un ejército y espera la oportunidad para atacar a sus hermanos de fe. Las facciones levantan las banderas del Islam, exhortan a sus seguidores a convertirse en mártires de la causa de Dios, les prometen el paraíso, les aseguran la victoria y decretan la muerte de los que denuncian como apóstatas y condenan al infierno. Todo esto está unido a un adoctrinamiento de odio que lleva a los jóvenes a vivir con odio y rabia, dispuestos a utilizar las armas contras sus propias sociedades y matar a su pueblo».

«Rogamos a Dios que elimine esta carga de sufrimiento que pesa sobre las espaldas de la nación islámica, que ponga fin a su situación calamitosa, que aparte esta oscura nube de su mente y le devuelva la sensatez, una sus filas y las vuelva a guiar por el camino recto».

Hasta aquí esta inusual acusación, que sin embargo, carece de verdadero sentido autocrítico, ya que no trata seriamente de indagar las causas de los males que denuncia. Su autor, es un erudito islámico de Arabia Saudita donde predomina la versión wahabita del Islam, una de las más conservadoras, xenófobas e intolerantes.

Como lo cuenta la musulmana disidente Irshad Manji en su libro «The trouble with Islam», la existencia de Arabia Saudita es resultado de un acuerdo en el siglo XVIII entre el jefe tribal Muhamed Ibn Saúd y el predicador religioso Muhamed Ibn Abd el Wahab. Wahab bendijo el intento de unificar Arabia como un reino por parte de Ibn Saúd y fue nombrado su guía religioso. Su versión «reformista» influida por el erudito islámico Ibn Tammiya, es en realidad una versión intransigentemente fundamentalista del Islam sunnita. Hace hincapié en una interpretación literal del Corán y da un lugar esencial a la «guerra santa» lo que justificó la expansión del reino del clan Saúd. En 1932, sobre las ruinas del imperio otomano surgió formalmente el estado saudita y el pacto concertado entre la familia gobernante y los clérigos wahabitas siguió vigente desde entonces hasta hoy. Pero el wahabismo creó un problema: para sus creyentes todos los demás musulmanes son de alguna manera heréticos.

Manji da un dato interesante: de acuerdo a la enseñanza oficial saudita el shiísmo habría sido la invención de un judío yemenita y de otros judíos para dividir el Islam e implantar ideas talmúdicas en las mentes de musulmanes confusos. ¡ Cabe suponer cuánta gracia le debe causar esta interpretación al líder iraní shiíta Mahmud Ahmadinejad que no se distingue precisamente por su simpatía hacia los judíos o hacia el Estado de Israel!

Pero en las miles de mezquitas compradas en el mundo por el dinero petrolero saudita el wahabismo es el Islam verdadero. El problema saudita es que no resulta fácil lidiar con las consecuencias de la intolerancia cuando se gastan millones precisamente para imponer en el mundo una versión intolerante del Islam.

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