Milosevic acosado por el TPI
Belgrado, ANSA
Un numeroso grupo de periodistas, reporteros gráficos y camarógrafos hacen guardia frente a la mansión del ex presidente Slobodan Milosevic ante el inminente vencimiento del plazo fijado por Estados Unidos a Belgrado para colaborar con el Tribunal Penal Internacional (TPI).
La prensa se encuentra apostada para documentar el eventual arresto de Milosevic mientras integrantes de las «guardias del pueblo», partidarios del ex hombre fuerte de Belgrado, vigilan en el lugar para impedir la detención de su «héroe» cuando el sábado próximo venza ese plazo.
El rumor sobre una posible intervención de la policía en relación a Milosevic aumentó en los últimos días.
Según el semanario Nedelnji Telegraf, el arresto había sido decidido al inicio de la semana, tras el regreso del premier serbio Zoran Djindjic de su viaje a Estados Unidos.
Pero la medida habría sido retirada, al menos temporalmente, por consideraciones de orden político y para no extender la ya amplia fractura entre Djindjic y el presidente federal Vojislav Kostunica.
El congreso norteamericano había dado a la nueva Serbia tiempo hasta el 31 de marzo para demostrar la voluntad de cooperación con el TPI –que significa en la práctica extraditar a Milosevic para que se someta al tribunal de La Haya– bajo la amenaza de congelar la ayuda de 10 millones de dólares y votar en su contra en los organismos financieros internacionales como el FMI y el Banco Mundial.
En la capital yugoslava se considera que el viaje de Djindjic sirvió para ablandar las posiciones estadounidenses, quienes podrían conformarse con la detención de Milosevic en su propio país.
El diario New York Times escribió ayer que la administración Bush se prepara a reconocer que Belgrado está colaborando con el TPI y, con lo cual, puede retomar en breve la asistencia económica a Yugoslavia. En tanto, el diputado ruso Dimitri Rogozin, presidente de la comisión de asuntos externos de la Duma, dijo que las autoridades serbias reforzaron la seguridad al ex presidente por temor a que sea secuestrado para entregarlo al TPI.
«Estados Unidos quiere a Milosevic simplemente para legalizar la operación de la OTAN en los Balcanes», señaló Rogozin, informó en Moscú la agencia Interfax.
El legislador ruso, de regreso de su visita a Yugoslavia, recordó que Kostunica considera que si Milosevic cometió crímenes en Yugoslavia debe ser juzgado en su país. Sin embargo, la policía serbia, por primera vez, detuvo y entregó a los jueces de La Haya uno de los buscados, el serbio-bosnio Milomir Stakic, considerado uno de los ideólogos de los campos de concentración de Omarska, Keraterm y Trnopolje.
Un gesto que en Washington puede ser interpretado como una señal de colaboración activa. Justamente ese arresto profundizó la grieta entre Kostunica, que expresó su oposición a las extradiciones incluso de ciudadanos no yugoslavos, y los políticos que son referentes de Djindjic y sostienen la línea dura contra los exponentes del pasado régimen.
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