IRAN: UNA TIRANIA JAQUEADA
Pero aunque, el movimiento de oposición se está fortaleciendo, las masivas fuerzas de seguridad que responden al gobierno siguen siendo muy poderosas. Según la revista, los Guardias de la Revolución comprenden 125.000 hombres armados y las unidades especiales que son particularmente leales al régimen se estiman entre 5.000 y 10.000 hombres. A ellos cabe agregar 90.000 miembros del Basij, jóvenes fanáticos adiestrados para combates callejeros.
El informe señala que la violencia y la contra violencia dominaron las calles de las tres más grandes ciudades del país, Teherán, Tabriz e Isfahan. Hubo ocho muertos y varios centenares de arrestos. Además hubo un asesinato claramente premeditado y perpetrado a la luz del día por matones al servicio del gobierno: el de Seyed Ali Moussavi, de 43 años, un sobrino del líder opositor Mir Houssein Moussavi, a quien presuntamente el crimen debía servir de advertencia.
La muerte del gran Ayatolá Hossein Ali Montazeri, de 87 años, el más prominente clérigo opositor, brindó otra oportunidad a las fuerzas contrarias al régimen para manifestarse. En su ciudad natal, Najababad, tradicionalmente conservadora, muchos residentes religiosos acudieron al entierro pese a que las autoridades habían impuesto un toque de queda y los Guardias Revolucionarios habían cortado los ingresos a la ciudad. En una entrevista con «Der Spiegel» Said Montazeri, hijo del clérigo muerto se quejó del asedio de que es objeto por esbirros del gobierno. A su juicio, «esto no puede seguir así por mucho tiempo».
A pesar de la creciente ola represiva, la oposición no dejó de manifestarse. Recientemente tres documentos pusieron al gobierno a la defensiva. El primero de ellos fue una carta de 88 profesores de la Universidad de Teherán, que arriesgando la expulsión de sus cargos y un eventual arresto, reclamaron al líder religioso supremo del país Ayatolá Ali Khamenei a que ponga fin a la violencia contra los opositores, diciendo que la misma es un clara manifestación de debilidad.
Según la versión del «New York Times» la declaración dice textualmente: «Los ataques nocturnos contra estudiantes indefensos en sus dormitorios y ataques durante el día a estudiantes en los campus universitarios, no son signos de fuerza. Tampoco lo son las golpizas a los estudiantes ni los encarcelamientos masivos». Otra declaración fue emitida por el líder opositor Mir Hussein Mussavi y una tercera fue redactada por cinco intelectuales exilados: el filósofo Abdulkarim Soroush, madre del movimiento reformista, el clérigo disidente Mohsen Dadivar, el ex parlamentario y ex ministro de Orientación Islámica Ataollah Mohajerani, el periodista investigativo Akbar Ganji, quien estuvo preso durante seis años por denunciar la corrupción del régimen y Abdolali Bazargan, un pensador islámico e hijo de un ex Primer Ministro. Según la versión de Robin Wright en «Los Angeles Times» su manifiesto de diez puntos llama a la renuncia del presidente Mahmud Ahmadinejad, cuya elección en junio considerada fraudulenta provocó una oleada de indignación popular. Reclama la abolición del control clerical del sistema de votación y su derecho a vetar candidatos. Propone en cambio la creación de un Comité Electoral independiente que incluya a representantes de la oposición. Asimismo reclama la liberación de los prisioneros políticos y el reconocimiento de grupos políticos, estudiantiles, femeninos y organizaciones sindicales en el marco de la ley. Entre otras exigencias plantea además el establecimiento de un régimen judicial independiente, plena libertad de prensa y limitación del tiempo de servicio de funcionarios electos.
Por su parte, Hussein Mussavi escribió en su manifiesto: «Lo que queremos es un gobierno honesto y abierto, que se base en los votos de la gente y que considere que los votos y las ideas de la gente son oportunidades y no amenazas. Respondiendo a los nuevos llamados para que sea arrestado, agregó que estaba dispuesto a morir por la causa de la libertad.»
¿Significa todo esto que el régimen está por derrumbarse? En un largo análisis publicado en el «New York Times» el 6 de enero, los especialistas en Irán Flynt Leverett e Hillary Mann Leverett dan una respuesta tajantemente negativa a esta pregunta. Señalan que la contra manifestación a favor del gobierno iraní el 30 de diciembre en Teherán fue mucho más numerosa que las manifestaciones de la oposición, que el liderazgo del Sr. Moussavi se está diluyendo y que no aparece ningún otra figura capaz de unificar a los distintos sectores de la oposición. Sin embargo, la caída de regímenes no menos fuertes ni menos represivos que la teocracia iraní en el medio siglo pasado hace pensar que este análisis podría estar basado en avaluaciones erróneas.
Un hecho sugestivo es que se hacen cada día más frecuentes las filtraciones de información que señalan profundas diferencias en el seno de las distintas fuerzas del régimen. Nadie puede asegurar que este sea el comienzo del fin, pero no deja de ser una posibilidad muy plausible.
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