Fracaso en la cumbre
En una declaración final, leída al cierre de la cumbre, los participantes declararon «su solidaridad total con la lucha de los palestinos para recuperar todos sus derechos, con su heroica rebelión».
Asimismo, advirtieron a Israel acerca de «todo intento de renunciar a la paz o de ignorar los fundamentos y principios que lanzaron el proceso de paz».
Esta cumbre, la primera ordinaria desde la invasión de Kuwait por el ejército iraquí, en agosto de 1990, se llevó a cabo en un clima marcado por una ola de atentados en Israel y un rebrote de la violencia en los territorios palestinos.
En la mañana del miércoles, Israel fue víctima de un atentado que causó tres muertos, mientras que otras dos tentativas de atentado eran abortadas. El martes, día de la apertura de la cumbre, otros dos atentados se produjeron en Israel.
El veto estadounidense a un proyecto de resolución para crear una fuerza de protección en los territorios ocupados, una de las reivindicaciones mayores de la cumbre, fue severamente criticada por los participantes, reforzando asimismo la solidaridad árabe con los palestinos.
Israel se opone terminantemente a la creación de esa fuerza.
El principal negociador palestino con Israel, Saeb Erakat, lamentó que Washington «niegue la protección a un pueblo bajo ocupación y que a la vez la otorgue a un gobierno (israelí) ocupante».
Los participantes pidieron una reunión urgente de los signatarios de la convención de Ginebra para adoptar las medidas necesarias para proteger a los civiles palestinos.
La cumbre pidió también a los países árabes que entreguen rápidamente su contribución a dos fondos de ayuda para los palestinos por un monto total de un millardo de dólares, creados por la cumbre árabe de El Cairo de octubre 2000.
«La cumbre se congratula de la decisión de los dos fondos de entregar 240 millones de dólares en total para los seis primeros meses, con vistas a ayudar a la Autoridad Palestina a hacer frente a sus dificultades financieras», indicó el texto final.
Los dirigentes árabes también apoyaron el pedido de Irak, dirigido al Consejo de Seguridad de la ONU, de que un millardo de dólares sea deducido de los ingresos petroleros para ayudar a las familias de los «mártires palestinos»y solicitaron a sus delegados ante las Naciones Unidas que actúen para que esta oferta se haga realidad.
Respecto a Irak, los líderes de la Liga Arabe no lograron conciliar las posiciones de los delegados de Irak y Kuwait, pese a la tentativa de ultimo momento del rey Abdalá II de Jordania y de otros dirigentes árabes.
El canciller iraquí responsabilizó a Kuwait del fracaso de la concicliación.
La resolución sobre las relaciones entre Kuwait e Irak fue aprobada sin embargo por consenso por los demás miembros de la Liga Arabe.
Dicha resolución reafirma la independencia y soberanía de Kuwait, la no injerencia en sus asuntos internos y la necesidad de que Irak respete estos principios.
Al mismo tiempo, insta a Irak a aplicar las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU relativas a los presos kuwaitíes y, por otra parte, reclama el cese de las sanciones impuestas a Irak.
Bagdad deseaba un compromiso de los países árabes para que de manera unilateral fuesen suspendidas las sanciones que afectan a Bagdad desde hace una década.
El rey Abdala II fue designado para ocuparse de este expediente y para proseguir las consultas con los dirigentes árabes y la Liga con visas a hallar uan solución.
La próxima cumbre se celebrará en Beirut, en marzo de 2002.
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