Enemigos reconciliados
Playa Girón, ANSA
José Ramón Fernández, entonces jefe de Operaciones de las milicias cubanas y brigadistas «no mercenarios», como aclaró Fidel Castro con un revelador matiz semántico, recorrieron ayer el Museo Australia, sede de la Comandancia; Playa Larga «donde se realizó el más duro de los combates la noche del 17 de abril» y Playa Girón, situada a 34 kilómetros al suroeste, donde visitaron también un museo que refleja la invasión.
Alfredo Durán, integrante de la Brigada 2506, regresó a San Blas, el mismo sitio al que llegó junto a un grupo de invasores para derrocar a la naciente revolución cubana.
Su contraparte de entonces, el hoy general de brigada José Morfa, le explicó cómo dirigió entonces el ataque de artillería contra las tropas de Durán para neutralizar su acción.
Otro «brigadista», Mario Cabello, entonces a bordo del Houston, y el hoy general de división Henrique Carreras, Héroe de la República de Cuba, relataron sus vivencias del hundimiento de la nave en la que intentaron reembarcarse los invasores.
José Ramón Fernández, uno de los principales actores de Girón, escribió un informe secreto, hoy desclasificado por el gobierno cubano, donde revela «las dificultades enfrentadas» durante la invasión.
«El mando, o sea el firmante, al ser designado como jefe de una agrupación de unidades que comprendían varios miles de hombres, nueve batallones, no contaba con un Estado Mayor organizado ni tampoco con personal que estuviera verdaderamente calificado», admite el ex jefe de operaciones cubano de Girón.
«En cuanto al mando, se confrontó la dificultad de que muchos jefes subordinados actuaban con criterio propio, sin cumplir estrictamente las órdenes que se les daban», dice el documento desclasificado.
«Así, en varias oportunidades encontramos que órdenes de retirada o modificación del dispositivo de ataque o de hacer alto una unidad o desplegarla hacia otro lugar, fueron dadas sin que los mandos subordinados la confirmaran apropiadamente, en ocasiones por personas que carecían de autoridad y en otras por compañeros que podemos calificar de intrusos al hacerlo, con las consecuencias que son de suponer», reveló Fernández.
En el informe, secreto entonces, se revela también que «los cañones de 85 milímetros llegaron con las granadas no preparadas para ser disparadas, con lo cual se demoró un tiempo precioso, ya frente a las posiciones enemigas y el ritmo de fuego era de un disparo por minuto o menos, con lo cual se perjudicó notoriamente la operación».
Jorge Domínguez, director de la Universidad de Harvard –participante los últimos tres días en la Conferencia académica «Girón: 40 años después»–, se mostró «maravillado e impresionado» por el recorrido en el ex campo de batalla en Playa Girón. «Hay que recordar dos hechos trascendentes de este episodio histórico: la decisión de John Kennedy, quien a pesar del extraordinario descalabro sufrido no dio un segundo paso con desembarco de tropas estadounidenses en Cuba, y la decisión de Fernández de no iniciar una escalada de guerra al ver al enemigo derrotado», subrayó Domínguez
En los mismos escenarios de guerra durante la invasión de Playa Girón, hoy los enemigos de antes se estrecharon las manos con la esperanza de que esta experiencia sirva en el futuro para un reencuentro entre Cuba y Estados Unidos.
Entre los documentos desclasificados por el gobierno cubano este mismo mes, figura un detallado cronograma minuto a minuto cómo Fidel Castro dirigió personalmente la resistencia a la invasión de Playa Girón.
Ayer, Girón fue escenario de un gesto de reconciliación entre los enemigos de hace 40 años en el mismo campo de batalla donde hubo centenares de muertos de ambos lados. Bajo un sol radiante y caminando por la misma arena donde otrora desfilaron tanques, cubanos que viven hoy en Miami y los que radican en La Habana, se estrecharon las manos.
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