Antes de caer, la Mir se despidió con "fuegos artificiales"

Funeral en el Pacífico

Sydney, ANSA

 

Todo ocurrió según lo programado y no hubo incidentes de importancia: el temor, presente en los países de la región, de que los restos cayeran sobre zonas habitadas se reveló, finalmente, infundado frente a la precisión de los cálculos de los científicos rusos.

En tanto esperaban el hecho, pudieron gozar de un espectáculo de «fuegos artificiales» único, mientras toneladas de fragmentos encendidos recorrían el cielo, dejando estelas de humo sobre el Pacífico, entre Nueva Zelanda y Chile.

Fueron los habitantes de las Fiji los que más gozaron del show y, según testimonios oculares, el cielo se vio iluminado por una larga cometa naranja, seguida de colas de humo.

«La Mir recorrió el horizonte en cinco, seis, siete y quizás nueve fragmentos, dejando una huella dorada a través del cielo, como un collar de luces brillantes. Todo duró un minuto, quizás un minuto y medio», dijo el corresponsal de la radio australiana ABC de Nadi, en las Fiji.

 

Cayó en el cementerio

«Todo ocurría precisamente encima de nuestras cabezas, bajo las nubes. Fue una experiencia única».

Según los funcionarios australianos, la Mir cayó en la zona conocida como «el cementerio» por el gran número de restos espaciales que los rusos «sepultaron» en el curso de los años.

Terminó en la zona exacta que la agencia espacial rusa había previsto, a 160 grados de longitud oeste y 40 de latitud sur, a 5.800 kilómetros de la costa este de Australia.

Cinco vuelos internacionales que debían transitar por encima del área elegida en el Pacífico durante el período crítico fueron retrasados.

Una treintena de pesqueros que habían ignorado los pedidos de evacuación de las autoridades neocelandesas quedaron en la zona.

Tuvieron su experiencia de «ruleta rusa» espacial pero no sufrieron daños.

Lo confirmó un portavoz de la flotilla, de base en las Samoas norteamericanas.

 

El último espectáculo

«La Mir se desintegró bastante lejos de donde se encontraban, no pudieron gozar ni siquiera de un espectáculo decente de fuegos artificiales», dijo.

Más afortunado que los pescadores debería haber sido un grupo ruso-norteamericano de cosmonautas, científicos, dirigentes espaciales, cineoperadores y pasajeros, que partieron algunas horas antes en dos pequeños aviones chárter para inmortalizar con cámaras el último adiós a la gloriosa estación espacial.

Según los planes, los aviones debían volar hasta un punto al sudeste de Tonga, a pocos centenares de kilómetros de la trayectoria de regreso de la Mir y debajo de la lluvia de sus fragmentos incandescentes.

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