El "boom" de espías rusos después de la Guerra Fría
Nueva York, ANSA
En Estados Unidos, en los últimos cinco años, el número de espías al servicio de Moscú creció un 40 por ciento, volviendo a los niveles de la época de la confrontación entre Norteamérica y el gigante soviético.
Según fuentes de la inteligencia norteamericana, haya ctualmente 160 espías rusos bajo cobertura diplomática activa en Estados Unidos. Algunos estiman que el número es superior a los 200, a los cuales hay que agregar centenares de otras personas que trabajan para los servicios secretos rusos simulando ser hombres de negocios o científicos.
Los secretos más ambicionados, en la era de la pos-Guerra Fría, son los industriales, sobre todo en el sector de la alta tecnología.
La purga decidida por la administración Bush, que antes de julio devolverá a Rusia a 50 diplomáticos sospechosos de actividades de espionaje, reducirá sensiblemente el ejército de los agentes secretos rusos en Estados Unidos. Pero el escenario es preocupante para la CIA y sobre todo para el FBI, que tiene la tarea de contrarrestar el accionar de los espías extranjeros y se encontró con un hombre al servicio de Moscú, Robert Hanssen, en los cargos más altos del contraespionaje. Rusia, según los especialistas de inteligencia, comenzó a aumentar el número de espías en Estados Unidos en 1996, después de que el entonces presidente Boris Yeltsin confió al «duro» Alexander Lebed, la responsabilidad de los aparatos de seguridad.
El sucesor de Yeltsin, Vladimir Putin, prosiguió la línea de aumento de la presencia de la inteligencia en Estados Unidos.
La mayor concentración de «barbas falsas» rusas se encuentra en la embajada de Washington (donde hay 118 diplomáticos acreditados) y en Naciones Unidas en Nueva York (la misión rusa en la ONU tiene 77 diplomáticos). Entre 5 y 10 hombres de la inteligencia de Moscú estarían presentes también en cada uno de los tres consulados rusos en Estados Unidos, en particular en San Francisco. Otros 260 rusos trabajan en Estados Unidos para agencias de la ONU, como Unicef. Lo que preocupa al contraespionaje norteamericano es sobre todo el crecimiento de lo que Condoleezza Rice, consejera del presidente George W. Bush para la Seguridad Nacional, definió como «la presencia militar rusa en Estados Unidos», refiriéndose al número de agentes del servicio secreto militar (GRU) presentes en suelo norteamericano.
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